martes, 27 de enero de 2015

Siena: volviendo a la época medieval

El segundo día de viaje madrugamos como ninguno para coger el tren de las 7:28 hacia Siena. Salimos todavía de noche de nuestro hostel, y caminamos los escasos 10 minutos hasta la estación. Allí ya había mucho movimiento. Era la primera vez que cogíamos el tren en Italia, así que pregunté si era necesario validar los billetes que teníamos. Nos dijeron que no, porque eran nominales y para un trayecto y tren concretos. Buscamos el andén correspondiente y esperamos hasta que llegó el tren, no sin antes comprar un poco de zumo para acompañar el bizcocho que había hecho en casa el día antes.

Cogiendo el tren en Roma

Nos montamos en un tren regional que fue atravesando la Toscana durante 3 horas, haciendo un cambio de tren en Chiusi-Chanciano. Los trenes eran cómodos y no iban muy llenos, aunque en el primero pasamos frío y en el segundo calor. El paisaje toscano nos decepcionó un poquito: las colinas onduladas eran más bien una gran llanura salvo pequeñas excepciones, todo tenía aspecto triste, las casas estaban descuidadas, había muchas zonas abandonadas y no vimos viñedos. Pero claro, la Toscana es muy grande y tampoco viajamos en la mejor época del año para visitarla.

Paisaje toscano desde el tren

Cuando llegamos a Siena nos desorientamos un poco. La estación de tren está un poco alejada del centro, y la caminata no está muy bien indicada, así que al principio seguimos el instinto de Chris... y yo pensando que se equivocaba, pregunté a uno que caminaba por allí y nos mandó en dirección contraria. ¿Y quién se equivocó? El italiano, que no sé si no nos había entendido bien o nos hizo la broma. Al final el instinto de Chris estuvo en lo cierto y seguimos por donde él había sugerido. Al ratito empezó a parecer aquello más "ciudad" y menos "las afueras".

Entonces, en uno de los momentos que miramos el mapa, apareció Julián, un cacereño que había llegado hasta Siena gracias al trabajo de su mujer, y que en cuanto nos escuchó hablar se nos acercó. Con él estuvimos hablando sobre la situación laboral en Italia y en España. Nos dijo que en Italia no andaban mucho mejor (de hecho, llevaba un año buscando trabajo), que la Toscana estaba sobre valorada (de eso nos fuimos dando cuenta poquito a poco). Nos comentó que estaba un poco abandonada, que era más pobre de lo que la gente pensaba y que todo era muy caro. Nos habló también de Siena: una ciudad pequeñita de 50.000 habitantes, que aún conserva todo su encanto medieval y en la que todavía queda mucho por restaurar.

Pero si algo es Siena conocida en todo el mundo es por el famoso Palio, una carrera de caballos que se celebra dos veces al año (2 de julio y 16 de agosto), en la que se enfrentan las distintas contradas o distritos de la ciudad. Tiene su origen en el medievo. La carrera es ganada por el caballo, con o sin jinete, que llegue primero a la meta después de completar las 3 vueltas a la Piazza de Campo en sentido horario. Los caballos llevan en la frente la spennacchiera, una escarapela con el escudo de la contrada. El Palio es el premio que se otorga a la contrada, y es un estandarte rectangular de seda pintado y sostenido verticalmente sobre un asta blanca y negra, y montada sobre un plato de plata.

Las banderitas de las 16 contrades de Siena

Lo que no suele trascender, y a mi me parece importante contar estas cosas, son las condiciones en las que los animales participan en estos grandes eventos. Aparentemente, una carrera de caballos es inofensiva. Pero leyendo la página de FAADA, que lucha por un turismo responsable con los animales, descubrí que esta carrera también tenía su parte oscura: casi cada año muere algún caballo durante la carrera o al terminar ésta, pero claro está, esta información no suele salir a la luz. Lo que tampoco se sabe es que en el pasado la carrera se debía completar en 3 minutos, pero que hoy en día se realiza en 1 minuto para hacerla más espectacular, lo que por supuesto la hace más peligrosa. Si os interesa este tema, os dejo aquí el enlace para que podáis leer más. Ya sé que a mucha gente no le gusta leer estas cosas, que cree que las tradiciones están por encima de todo, pero yo creo que si hay algo que está por encima de todo lo demás es el respeto a las vidas ajenas, y desde mi blog quiero hablar sobre todas las cosas que me gustaría que cambiaran y que considero que están mal. Hasta ahora me he equivocado en algunos viajes, pero me gustaría ser cada vez más consciente, consecuente con lo que pienso y hago, y sensible hacia el maltrato animal y las desigualdades sociales.




Como os decía, Julián nos fue hablando sobre Siena y la Toscana, y nos acompañó hasta nuestro alojamiento, una casita de huéspedes pequeña llamada Casa di Antonella. Nada lujoso, simplemente un lugar confortable y muy cercano a la Piazza di Campo. Allí nos recibió Fabriccio, un italiano que hablaba un español argentino casi perfecto. Nos enseñó nuestra habitación, el baño y el comedor, y charlamos un poquito sobre lo que había que ver en Siena (¡y dónde comer!). Le hablé de el restaurante Gallo Nero, donde teníamos intención de ir a comer a la noche, y nos dijo que estaba muy bien. Mapa en mano, fuimos marcando los sitios a los que queríamos ir y salimos a recorrerlos todos.


Siena es pequeñita, se ve en un día. Eso sí, el olor a pizza puede retrasar a los no celíacos por el camino... Chris no pudo aguantar y entró a comprar un trancio de pizza en la primera pizzería que vio. Eligió la pizza vegana por la pinta que tenía (él no es vegetariano, ni vegano), al acabar el viaje concluyó que aquella fue la mejor pizza de todo el viaje.

Pizza vegana

Seguimos caminando hasta la Piazza di Campo, la plaza principal del centro histórico de Siena, y considerada una de las mejores plazas medievales de Europa. En ella se encuentran el Palazzo Pubblico con su Torre de Mangia, la fonte Gaia junto a varios palazzi signorili que rodean la plaza en forma de concha. Aquí estuvo antiguamente el foro romano de Siena, y en ella se celebra el Palio de Siena. La plaza fue además un mercado anterior al s. XIII. Fue pavimentada en 1349 con ladrillos rojos con dibujos de espinas de pescado y diez líneas de travertino que la dividen en 9 secciones desde el gavinone (desagüe).

Os dejo algunas fotos de esta plaza tan emblemática, que como os decía, mantiene su encanto medieval:







Desde la plaza fuimos a ver el duomo de Siena, la catedral y templo principal de la ciudad, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Como curiosidad, el campanario de la catedral tiene exactamente la misma altura que la torre de Mangia, esto tiene una explicación: daba a entender que en la ciudad el poder político y religioso estaban a la misma altura. ¡Por cierto, en el camino de la plaza a la catedral encontramos de casualidad el restaurante Il Ghibellino, que tiene platos para celíacos!


La catedral de Siena es del s. XIII, de estilo gótico y diseñada por Giovanni Pisano. La linterna que tiene en la corona es de Bernini. A diferencia de la catedral de Florencia, es de mármol blanco y verdoso, con rayas horizontales. Cerquita de la catedral vimos que estaba la oficina de turismo, y como yo en mi oficina tengo hecho un listado de restaurantes recomendados -y no recomendados- para celíacos, pensé que quizá ellos también tendrían. ¡Y no me equivoqué! Tenían un sistema para encontrar restaurantes que ofrecían platos para celíacos y me imprimieron un listado con unos 40!! La pena es que fuimos a buscar algunos y al ser temporada baja estaban cerrados. Cabe decir que en ninguno de los que preguntamos tenían pizza. Y ese fue mi pequeño trauma sienés: oler pizzas y más pizzas, y no poder catar ninguna...

Hola... ¿tenéis pizza sin gluten?
Después de ver la Piazza de Campo y la catedral, seguramente los dos lugares más emblemáticos de Siena, seguimos paseando por la ciudad. Eso sí, a media tarde a mi me entró un hambre indescriptible y como queríamos cenar en Gallo Nero y almorzar "a lo barato" y sobre la marcha, tocó buscar un supermercado. Y aquello no iba a ser tan sencillo como parecía. En Siena se está tratando de conservar los pequeños comercios locales y en el centro no hay supermercados, así que tuvimos que utilizar internet para buscar el más cercano (que cerca, cerca, no estaba). Fuimos al Simply y allí, después de un rato buscando encontramos la estantería "sin gluten". ¡Comida solucionada!


Pasamos la tarde recorriendo las estrechas calles de Siena. No había mucha gente. Muchos lugares estaban cerrados, pero quedamos encantados con todo lo que íbamos viendo. Callejones sin salida por los que entraba el sol, alguna Vespa perdida y muchas tiendas de delicatessen y comida tradicional toscana (embutidos, queso, pasta...).

Coche de polizia




A la noche fuimos a cenar a Gallo Nero como teníamos previsto. Lo mejor es reservar, pero en temporada baja no hay problema de sitio. El restaurante es muy céntrico y como muchos otros en Siena, está dentro de una especie de gruta, muy coqueto. Chris probó el pici, un tipo de pasta típico sienés, y yo unos espaguetis. Probamos también un vino tinto y uno blanco, y de postre pedimos una tarta y unos ricciarelli que a mi no me gustaron nada. Podéis ver la experiencia completa aquí. Nos gustó, pero esperábamos un poco más, quizá por los buenísimos comentarios que tiene.




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