lunes, 2 de febrero de 2015

Ir con tiempo y no llegar


Después de visitar Burano hicimos una última visita a la plaza de San Marcos antes de coger el tren hacia Roma. De allí fuimos directamente al supermercado a comprar algunas cositas para comer en el viaje, y al hotel a coger las mochilas. Llegamos a la estación con 10 minutos de antelación, tranquilos. Y fuimos a mirar primeramente en qué andén estaría nuestro tren para ir acercándonos.

Entonces nos dimos cuenta de que nuestro tren no aparecía en las pantallas. En ninguna pantalla. Miré los billetes de nuevo y no ví nada raro: la fecha estaba bien, la hora también... Y de repente caí: los billetes eran para la estación de Venecia sí, pero para la de Mestre en vez de Santa Lucía

Venecia tiene dos estaciones, una en la isla (Santa Lucía) y otra en la parte continental (Mestre). Así que todos los trenes salen en primer lugar de Santa Lucía y después ya van a Mestre y continúan el viaje. Yo lo sabía desde el momento en el que compré los billetes, pero parece ser que no me fijé a la hora de comprarlos :(. Nuestro tren estaba apunto de salir de la siguiente estación y estuvimos pensando en colarnos un tren para llegar hasta ella, pero no había forma: ya no nos daba tiempo

Asumiendo que habíamos perdido nuestro baratísimo tren, fuimos a preguntar los precios a la estación, primero de los autobuses a Roma (80€ por persona) y después de los trenes (otros 80€ por persona). Por el mismo precio decidimos por supuesto coger el tren, así que muy resignados compramos de nuevo los billetes en la máquina. Por suerte el próximo tren saldría en solo diez minutos, así que no tendríamos que esperar mucho y ni siquiera teníamos que avisar a nuestro anfitrión de Roma de que llegaríamos tarde.

Y volvió a pasar... Volvimos a mirar las pantallas para buscar el andén correspondiente y me di cuenta de que había vuelto a comprar los billetes para Mestre. Y de nuevo, tampoco nos daba tiempo a llegar para coger el tren. Por un momento quise cagarme en todo gritar pero respiré hondo y me acerqué a las oficinas de Trenitalia, en las que por supuesto había cola. Pero ya sabemos que en momentos de estrés somos capaces de todo así que opté por colarme con todo el morro y después de poner todas las caras de pena de mi repertorio, la trabajadora de Trenitalia nos cambió rápidamente los billetes para el siguiente tren, que saldría en una hora esta vez sí, de Venecia Santa Lucía.


La experiencia nos sirvió para aprender que hay que leer con detenimiento todos los billetes, y que merece la pena llegar con más antelación a los sitios; pero también aprendimos que cualquiera puede cometer un error y que, como decimos nosotros "tan grave no será si se puede pagar".

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