jueves, 29 de enero de 2015

Pizzería La Luna, Florencia

Después de ver el Ponte Vecchio nos subimos las cremalleros de los abrigos, nos atamos bien las botas y seguimos caminando con un hambre indescriptible hasta la Pizzería La Luna. Nadie sabe bien el frío y hambre que teníamos, y lo cansados que estábamos de que no dejase de llover, pero algo nos decía que la pizzería merecería la pena.


Como La Luna está un poco alejada del centro, hicimos el recorrido de manera que pasáramos junto a la iglesia de Santa Croce, la iglesia franciscana más grande del mundo que data de 1294. Se construyó en el mismo lugar donde anteriormente había estado la capilla para conmemorar la muerte de San Francisco de Asís. En su interior hay frescos de Brunelleschi, Giotto o Donatello. Algunas de las personas más conocidas que descansan en ella son Galileo Galilei, Maquiavelo, Ghiberti o Miguel Ángel. Nosotros no llegamos a entrar, pero leímos que el interior es menos impresionante que el de la iglesia de Santa María de Novella. 


Seguimos nuestro camino para llegar cuanto antes a la pizzería, y para cuando llegamos ya eran casi las 16:00. Tuvimos suerte de que aun estuviera la cocina abierta, aunque apunto estuvimos de quedarnos con las ganas. Al final fuimos los últimos en irnos del restaurante y hasta dejamos a los cocineros y camareros comiendo...

El restaurante no es muy grande, es más bien pequeño (tiene dos salitas separadas) y es sencillo. No lo recomendaría para una cenita romántica pero sí para ir a comer en cualquier momento del viaje porque además tiene unos precios muy razonables.

En la pizarra sí estaban marcados los postres sin gluten
Cuando entramos nos dejaron la carta en la que, en contra de lo que me había imaginado, no ponía qué platos eran sin gluten, pero la camarera me dijo que podía elegir cualquiera y que me lo adaptaban para mi. Me dio un poco de desconfianza en principio, pero luego pensé que quizá era como en Suecia, que estaban tan concienciados y podían adaptar tantos platos que no veían necesidad en marcarlos en la carta.

Calzone braccio di ferro

Decidimos pedir una pizza calzone braccio di ferro (con mozarella, ricotta, espinacas y jamón york) y yo, unos cappellacci di erbette e ricotta ai fiori di zucca burrata e ciliegini. No quería el calzone con jamón york, pero decidí por Chris. Los dos platos estaban espectaculares, ¡no lo digo por decir! Fue de lo mejor que probamos en Italia. Fue la primera pizza calzone que probaba, y también la primera pasta rellena de mi vida, y pensé en que tendríamos que volver a ese restaurante como fuera...

Cappellacci di erbette e ricotta
Para terminar decidimos pedir un postre cada uno y compartirlo. No os creáis que era fácil decidir: tiramisú, crema de mascarpone, panna cotta, creme caramel, crema catalana, torta di mele, cheesecake, tortino al cioccolato con cuore fondente, fondue de chocolate con frutas... y todo sin gluten. Al final nos decidimos por un tortino al cioccolato con cuore fondente y un cheesecake. No puedo describir cómo estaban de ricos... No hay palabras. No sé cuál era mejor, pero ver salir el chocolate caliente de dentro del tortino daba ganas de abrazar al cocinero.

Cheesecake
Tortino al cioccolato con cuore fondente
Salimos de La Luna arrastrados, porque en realidad nos habríamos quedado allí el resto del viaje, encerrados entre algunos de los postres de chocolate, pizzas y pasta más ricos. Pero bueno, acabamos saliendo con un kilo demás para poder seguir visitando Florencia.


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