miércoles, 28 de enero de 2015

Pisa, pizza y la torre inclinada

Después de pasar la noche en Siena volvimos a coger el tren para ir a Pisa. O mejor dicho trenes, porque en Empoli tuvimos que hacer un transbordo que apunto estuvimos de perder. El paisaje toscano siguió sin ser lo que esperábamos, pero al menos los trenes estaban calentitos y fueron relativamente puntuales.

En el tren hacia Pisa
La estación de Pisa es muy céntrica y nada más llegar fuimos a buscar el "hotel" en el que habíamos reservado habitación: Mazzini 16. Cuando llegamos nos dimos cuenta de que había un extraño modo de tocar el timbre utilizando unos códigos (como un número de teléfono). Pero aquello no funcionaba. Acabamos llamando al número de teléfono que ponían por fuera. Nos respondió una italiana al otro número de la línea: Pronto? Vaya, nos hemos equivocado al marcar. Vuelvo a llamar. Pronto? Pobre mujer, dos veces la llamamos y ni fuimos capaces de entendernos. Nos empezamos a mosquear, a "aporrear" la puerta, a tocar todos los timbres del edificio y a marcar el número de teléfono quitando y poniendo 0 y añadiendo y quitando el prefijo italiano. Nada. Después de 15 minutos esperando una chica bastante joven nos abrió la puerta. No era la recepcionista, sino la que limpiaba las habitaciones. No sabía inglés y se le notaba acento ruso. Al final nos hicimos entender y nos dio la llave de la habitación.


Subimos a la habitación. Cuatro pisos sin ascensor, pero no importa porque las mochilas nos pesan poquito. Nos abre la puerta y quedamos contentos: está limpio y tiene aspecto de suite (una antesala con sofá y la habitación). Eso sí, está todo lleno de espejos que suponemos han decidido poner para dar una sensación de amplitud... pero aquello es más bien claustrofóbico. Tampoco había luz. Después comprobamos que es que había que meter una tarjeta -que no nos habían dado- en la típica ranurita. El bonobús valía. Lo malo de que llegara la luz, es que se iluminó el baño... Que más hubiese valido que se habría quedado a oscuras :) Y mirad que yo no soy muy especialita, que me he duchado en sitios bien raros, pero aquello...


Dejamos las cosas en la habitación y salimos de allí corriendo, en parte para no volver a ver el baño, y sobre todo para ir a ver la famosa torre de Pisa! La habíamos visto cientos de veces en fotos y por fin estábamos a solo unos minutos andando de ella. Lo que no nos habían dicho es que la ciudad de Pisa en sí es bien bonita, que bien merece la pena un buen paseo por la orilla del río Arno por ejemplo. Además nos salió un día primaveral y apetecía mucho andar. 

A la Plaza de los Milagros o Piazza dei Miracoli, que es donde está la torre inclinada, la catedral y el baptisterio, llegamos en apenas 10 minutos. La Plaza de los Milagros es uno de los centros de arte medieval más importantes del mundo, y debe su nombre al poeta italiano Gabriele d'Annunzio. Cuando llegamos nos fijamos en que no se podía pisar la zona de césped (había cartelitos que así lo indicaban) pero sin embargo, había mucha gente sacándose las típicas fotos sujetando la torre. Aprovechamos para hacer lo propio, sin mucha imaginación, y cuando terminamos llegó la policía para echarnos a todos de allí. Menuda suerte tuvimos, porque allí se quedaron y nadie más pudo sacarse la foto ya que por ángulo y por distancia, esa zona es la mejor donde hacer fotos.



La torre inclinada es en realidad el campanario de la catedral. No la construyeron pensando en que se iría inclinando progresivamente, pero así lo hizo. Según leímos, no tuvieron en cuenta que se estaba construyendo sobre un terreno arenoso que la fue moviendo poco a poco. En 1964 el gobierno italiano solicitó ayuda para evitar que se acabara cayendo, y en 1990 se cerró al público para iniciar un trabajo de reconstrucción que permitiera reducir el ángulo de inclinación. En 2011 se volvió a abrir al público. Mide 55,8m en su punto más alto y tiene 8 niveles que rematan en un campanario.

La verdad es que la torre está muy inclinada... ¡no quiero pensar cómo estaba antes de la reconstrucción!


El Baptisterio está dedicado a San Juan Bautista y es de estilo románico, construida por Deustesalvet. Se comenzó en el s. XII pero no finalizaron las obras hasta el s. XIV, cuando fueron añadidos la planta superior, la loggia y la cúpula, de estilo gótico, a manos de Nicola y Giovanni Pisano. Con una circunferencia de 107,25m, es el baptisterio más grande de Italia. Es un poquitín más alto que la torre inclinada.




La catedral es el punto neurálgico y central de la Piazza dei Miracoli. Es de estilo románico pisano con mosaicos de influencia bizantina y arcos apuntados de estilo islámico, Se empezó a construir en 1063 por el arquitecto Busketo, aunque las puertas principales de bronce son Bonanno Pisano de 1180. Aunque no se note tanto como la torre, también está ligeramente inclinada.



Después de disfrutar del solecito invernal durante unos cuantos paseos alrededor de la Plaza de los Milagros, nos entró el hambre y nos pusimos en marcha para buscar La Pizza Magica, una pizzeria que hacía pizzas para celíacos en horno de leña. Cuando llegamos nos dimos cuenta de que se nos había hecho un poco tarde y nos dijeron que hasta la noche no harían más pizzas sin gluten... Así que seguimos recorriendo la ciudad mapa en mano buscando el resto de restaurantes que tenía apuntados. Primero Pizza Magica City (cerrado) y después Biba Bar (cerrado). Ya un poco desesperada, decidí que lo mejor era comprarme algo en un super y que Chris se cogiera una pizza por la calle. Y así hicimos: una ensaladita y una cerveza para ir tirando. 


Lo que no sabía era que unos metros más adelante había un local pequeñito que anunciaba que tenía primi piatti, trancio pizza e pasta senza glutine. Así que entré, y pedí un trocito de pizza, que resultó ser congelada y dejó bastante que desear, pero bueno, aquella fue mi primera pizza en Italia! Y me sacó del apuro porque además estaba muy céntrico. El lugar se llamaba Il Prosciuttaio.


Pasamos el resto de la tarde paseando por Pisa. Como ya he dicho antes, el paseo que discurre a lo largo del río Arno es precioso, especialmente al atardecer. En el propio paseo está la heladería Gelateria de' Coltelli, que tiene también helados sin gluten, pero que cuando estuvimos nosotros estaba cerrada por ser temporada baja.

Paseo por el río Arno
Fuimos también a la plaza de la Vettovaglie, que durante el día se convierte en un mercado de frutas y verduras de la zona, y durante la noche es una zona de cafeterías y bares. Pensamos que sería así más bien en temporada alta, porque cuando estuvimos nosotros la plaza estaba desierta, aunque todavía quedaba algún puesto de frutas a uno de los lados.

La Piazza dei Cavalieri es la segunda más conocida, después de la de los Milagros. Se cree que allí estuvo en su día el foro romano de la ciudad y que después se convirtió en el centro político de la República de Pisa. Después, Cosimo I de Medici la transformaría en la sede de la orden militar de los Caballeros de San Esteban (de ahí su nombre) para eliminar los símbolos visibles de aquel pasado independiente de la ciudad. En la plaza está la estatua del propio Cosimo, el Palazzo della Carovana dei Cavalieri transformado por Giorgio Vasari; y el Palazzo dell Orologio, que en su origen fue la sede de la enfermería de los Caballeros de la Orden. También está el Palacio del Consejo de los Doce y la iglesia de Santo Stefano dei Cavalieri. 


Al principio de la calle comercial más importante, Corso Italia, donde están todas las tiendas habituales, había también un mercadillo de antigüedades y de cositas de segunda mano.

Mercado en Corso Italia

Piazza del Pozzetto

Encontramos también de casualidad la casa natal de Galileo Galilei, que pasa fácilmente desapercibida y que hoy en día es un edificio de poco interés ocupado por una inmobiliaria y una especie de museo un poco extraño que tenía algunos carteles informativos sobre el físico italiano.


A la noche volvimos a la Pizza Magica, esta vez a una hora más apropiada. Pedimos dos pizzas, la mía sin gluten y de cuatro quesos. Nos las sacaron muy rápido, y las dos estaban recién horneadas, ¡qué gusto una buena pizza sin gluten! Estaba un poco hinchada la masa, eso sí, y yo no pude terminármela. De lo que me arrepentí es de no habérmela pedido con salsa de tomate, que seguro que habría quedado más jugosita, pero estaba muy buena (aunque aun no sabía que las probaría aun mejores!).


Primera pizza sin gluten en Pisa... ¡felicidad!
Volviendo al apartamento...

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