jueves, 29 de enero de 2015

El duomo de Florencia y algún helado...

La comida en la pizzería La Luna nos dejó en estado de arrastramiento, pero nunca está uno tan cansado como para decir que no a seguir recorriendo Florencia. Así que salimos de allí, paraguas en mano, no sin antes comprar un gorro con orejeras para Chris porque el frío que nos estaba haciendo no era ninguna broma.



Deshicimos lo andado y en unos minutos llegamos a la espectacular Piazza del Duomo, la plaza de la catedral, seguramente una de las más fotografiadas del mundo y otro de los iconos de la ciudad junto al Ponte Vecchio.



En la Piazza del Duomo se encuentra no solo la catedral sino también el Battistero di San Giovanni y el Campanile de Giotto. Es el centro religioso y espiritual de Florencia, siendo la Piazza della Signoria el centro civil. Como curiosidad, en la esquina de la Via dei Calzaioli con la plaza está la Loggia del Bigallo, un soportal donde se exponía a los niños abandonados. En la plaza también está el Museo dell'Opera del Duomo, donde se exponen algunas esculturas originales que adornaban los edificios de la plaza, entre otras cosas.


La Catedral de Florencia, llamada Santa Maria dei Fiori componen gran parte de la silueta de la ciudad con su enorme cúpula y alto Campanile (campanario). La construcción de la catedral empezó en 1296  (casi dos siglos más tarde que las catedrales de ciudades como Pisa o Lucca) y duró 72 años. El arquitecto fue Arnolfo di Cambio.


Sus dimensiones la convierten en una de las iglesias más grandes de la cristiandad (160m de largo, 43m de ancho y 90m en la nave transversal). La altura interior de la cúpula es de nada menos que 100m.


La entrada a la catedral es gratuita, no así a la cúpula, el baptisterio, la cripta, el campanile y el Museo de la Ópera. Nosotros decidimos entrar para descansar un poco del frío y de la lluvia, y nos quedamos un rato disfrutando de su interior. Cerca de la entrada se puede bajar a una cripta donde está la tumba de florentino Brunelleschi, el mismo que construyó la cúpula, que no fue acabada hasta un siglo después de inaugurar la catedral. De hecho, solo el trabajo de la cúpula le llevó 14 años.


La decoración interior de la cúpula fue trabajo de Giorgio Vasari y Federico Zuccari, y está compuesta por distintas escenas que representan el Juicio Final. Nosotros no subimos porque preferíamos ver la perspectiva desde Piazzale Michelangelo, pero dicen que subir a la cúpula es toda una experiencia: 463 escalones que terminan en una subida casi vertical entre las bóvedas inferior y exterior. Para una subida más tranquila (y con vistas a la cúpula) recomiendan subir al Campanile. 


El campanile de Giotto es el campanario de la catedral, y uno de los más bellos de Italia gracias a su colorido mármol en verde, rojo y blanco, muy similar a la catedral. Se empezó a construir en 1334 siguiendo los planos de Giotto, que no pudo ver acabada su obra. Fue Andrea Pisano quien la continuó, finalizándola en 1359.


La parte inferior del campanile está decorada con más de 50 bajorrelieves en la parte superior hay varias estatuas de santos y profetas, aunque no son meras copias, ya que las originales están en el Museo de la Ópera.

La Puerta del Paraíso

El Battistero di San Giovanni está situado frente a la fachada de la catedral y está considerado el edificio más antiguo de Florencia. Al igual que la catedral y el campanile, está revestido de mármol blanco, verde  rojo. Entrando en su interior sorprende el mosaico bizantino de la cúpula y la tumpa del antipapa Juan XXIII, diseñado por Donatello y su discípulo Michelozzo Michelozzi.

 

Y si hay otra cosa que sorprende del Battistero es una de sus tres puertas, concretamente "La Puerta del Paraíso", situada precisamente frente a la catedral. Nada menos que 26 años necesitó Ghiberti para completarla, ya que se compone de 10 paneles de bronce con relieves que representan escenas del Antiguo Testamento. Eso sí, como sucede con las estatuas del campanile, los paneles que se muestran son copias de los originales, que están en realidad en el Museo.


Chris y yo nos acercamos a la catedral varias veces en los dos días en los que estuvimos en Florencia para quedarnos una y otra vez con la boca desencajada y con pensamientos bastante básicos como "¿cómo podían hacer algo así con la tecnología de hace más siete siglos?". Realmente merece la pena ver la catedral a distintas horas del día porque cambia mucho con la luz.


Después seguimos paseando por el centro de Florencia hasta dar con la recomendadísima heladería Grom, que tiene todos sus sabores de helado sin gluten. No fue fácil encontrarla, porque en el mapa que nos dieron en la oficina de turismo no aparecían todos los nombres de las calles, pero una vez encontrada, mereció la pena haber llegado hasta allí. Pregunté si tenían cucuruchos sin gluten y me dijeron que sí, pero que todavía no habían pasado los controles de la asociación italiana y que por tanto los consumiría bajo mi responsabilidad. Teniendo en cuenta el cuidado que ponían en la manipulación del helado, no tuve dudas en pedir el helado con cono, que por cierto, fue el único lugar donde tenían porque en Roma ya no encontré Groms con conos para celíacos).


El helado que me pedí era de pistacho y tiramisú. Tenía trocitos de bizcocho... Estaba buenísimo y además muy bien de precio (2,5€). Chris también quería un helado, pero como en Grom los tienen tapados para evitar la contaminación, prefirió ir a otra heladería donde se pudieran ver mejor los sabores.


Al final se decidió por una heladería de la Via Calzaiuoli cuando volvíamos hacia casa porque ya empezaba a oscurecer y teníamos que ir a hacer la compra. Eso sí, el poder ver los colores de los sabores hizo que el helado le costara el doble que a mi.


Cuando volvimos al apartamento no teníamos gana ninguna de volver a salir, pero había que cenar. Estuvimos pensando en ir a algún restaurante (concretamente a Ciro & Sons), pero hacía un tiempo tan desagradable que optamos por buscar un supermercado, comprar un poco de pasta y aprovechar la cocina que teníamos para prepararnos algo baratito. Y aunque Maps nos decía que el super más cerca esta a unos cuantos minutos andando (las ciudades toscanas no tienen apenas supermercados en el centro), al final descubrimos que teníamos un Conad City justo a 15 metros del portal.


Allí compramos pasta sin gluten de la Veneziane, casi a mitad de precio que en España (claro que la cerveza española también costaba el doble...). También nos hicimos con un botecito de pesto, una tarrina de ricotta y algunas cositas para desayunar. Con todo listo, nos pusimos Chris se puso a cocinar y en un ratito tuvimos nuestra pasta lista.

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