sábado, 31 de enero de 2015

Y llegamos a Venecia...

Dos horas en tren fue lo que nos costó llegar de Florencia a Venecia, la ciudad que más nos apetecía visitar -y adelanto que no nos defraudó en absoluto-. Llegamos en el primer fin de semana del carnaval, así que aunque ya había gente con sus trajes, en realidad todavía no había empezado la fiesta grande. La fecha la escogimos con toda la intención, lo que no sabíamos es que además íbamos a conocer un famoso fenómeno veneciano: el acqua alta

Cruzando la Via della Libertá, que separa la Venecia continental de la insular
En Venecia habíamos reservado una habitación en un hotel sencillito en Campo San Geremia, cerca de la estación de Santa Lucía para no tener que cargar mucho tiempo la mochila. Solo cinco minutos a pie nos separaban de nuestro hotel cuando nos bajamos del tren, y enseguida hicimos el check in y dejamos nuestras cosas. Antes de empezar a pasear compramos un mapa (¿existen mapas gratuitos y detallados de Venecia?) porque aunque es una ciudad para perderse, también conviene de vez en cuando saber llegar a ciertos sitios. 

Campo San Geremia

Nuestro hotel escondidito
Teníamos cuarenta y ocho horas exactas para descubrir la ciudad de los canales así que no podíamos perder tiempo. Seguimos la calle principal que nos marcaba el mapa para llegar hasta el Puente de Rialto, cruzando un canal por aquí y otro por allá, mirando con los ojos como platos los escaparates repletos de máscaras de carnaval.


Nuestro primer objetivo era encontrar la tienda Mea Libera Tutti, recomendada por muchos celíacos como el mejor lugar para informarse de los mejores restaurantes para celíacos en Venecia. Nos pillaba un poco a desmano pero relativamente cerca. A pesar de ello nos perdimos: íbamos tan entusiasmados íbamos que pasamos por delante y ni nos fijamos. Cuando por fin nos dimos cuenta de lo que había pasado, entramos y nos encontramos con una pequeña tiendita de productos sin gluten y de fiesta que había abierto el papá de un niño celíaco. Incluso había un poco de pastelería fresca.



Mi intención no era comprar nada -porque no necesitaba nada en ese momento- pero el dueño fue tan agradable y nos dio tantas indicaciones sobre el mapa que decidimos comprar unos cantucci alle mandorle, tradicionales del carnaval veneciano.

 

Seguimos caminando entre canales y callecitas estrechas hasta que la presión pudo con nosotros y nos acabamos comprando unas máscaras baratitas pero hechas en Italia, nada de China. ¡No podían faltar las máscaras en el carnaval veneciano! Y no éramos los únicos claro... mucha de la gente que nos ibamos encontrando también tenían sus máscaras, unas más sencillas y otras más elaboradas, pero seguramente todos pensando lo mismo: "me aprieta la goma", "se me cae la goma", "se me mete la pluma en el ojo", "¿y si me quiero rascar?", ¡me he perdido porque no veo un carajo!".


Llegamos hasta el Puente Rialto para sacarnos una foto con ellas antes de quitárnoslas para siempre y dejarlas bien guardadas en un lugar seguro de nuestra mochila... Y allí mismo, en el puente, nos quedamos un ratito disfrutando del Gran Canal al atardecer junto a otros muchos turistas que como nosotros, se habían quedado enamorados de las vistas.



Con la noche echada, preferimos cenar y acostarnos temprano para levantarnos pronto y con fuerzas al día siguiente. Uno de los restaurantes que nos pillaba de camino era Osteria all'Ombra, ahora regentado por unas mujeres chinas que siguen sirviendo comida italiana. El restaurante dispone de una carta limitada de platos sin gluten -seguramente congelados- y a un precio un poco "veneciano", pero poder cenar pasta y pizza sin gluten, en el centro de Venecia y sin dejarse medio presupuesto se podría considerar un lujo.



Me apetecían los canelones de espinacas o una pizza margarita, pero no tenían, así que acabé pidiendo una pizza salame piccante, que estaba bastante decente a pesar de ser precocinada. A Chris la suya le gustó  bastante, pero no era sin gluten.


Terminado el primer día y con un poco de sueño, volvimos al hotel sin saber muy bien cómo sería el día siguiente, con el mapa doblado y en el bolsillo y rezando porque no lloviera.

Dulce adiós a la Toscana :)

Nos quedaban solo unas horas antes de coger el tren hacia Venecia, y no nos pareció mejor manera para despedir la Toscana que acercarnos hasta Starbene, una pastelería sin gluten que estaba bastante cerquita del apartamento.

Iglesia de Santa María Novella

Así que desayunamos, dejamos limpito el apartamento, hicimos la mochila y salimos en busca de la pastelería para darnos un homenaje. Starbene está un poco alejada del centro de Florencia, pero a tan solo diez minutos andando hacia el norte desde la estación de tren Santa María de Novella. Antes de llegar estuvimos pensando que quizá estaría, como otros tantos sitios a los que habíamos intentado ir, pero por suerte estaba abierta.


Cuando entré no sabía qué elegir... había tantas cosas :) Y todo sin gluten, otro paraíso celiaquil! Tartaletas, hojaldres, croissants, castagnoles, pizzas, pan recién hecho. La decisión fue dura, pero finalmente me decanté por un croissant casero (hasta entonces solo había probado de los envasados), un castagnole (dulce típico del carnaval) y una especie de hojaldre relleno de mermelada y crema que me comí en el tren.


 

Estaba todo exquisito... Se nota la diferencia entre los productos hechos con mimo y de uno en uno y los que se hacen en grandes fábricas. 


Después de engordar un poquito más, volvimos al apartamento para recoger las mochilas y nos volvimos a montar en el tren para ponernos rumbo a Venecia.


viernes, 30 de enero de 2015

Florencia de noche

Era la segunda y última noche en Florencia, así queríamos aprovechar para ver algunos de sus edificios más emblemáticos iluminados. Empezamos un recorrido de apenas 10 minutos desde la Piazza del Duomo, donde varios guardias paseaban tranquilos por la zona mientras los turistas más noctámbulos se deleitaban sacando fotos.

Catedral de Santa Maria dei Fiori
Seguimos hacia la Piazza della Signoria, donde Chris no pudo evitar caer en la tentación de comprar otro helado a pesar de la temperatura bajísima.

 

La última parada como no podría ser de otra forma, fue el Ponte Vecchio, cuyos talleres de orfebrería estaban ya iluminados.

Ponte Vecchio

Desde el Ponte de Santa Trinitá

La Galería Ufizzi

Si bien nuestra intención inicial antes de llegar a Florencia era la de visitar la Galería de la Academia para poder ver la escultura original de Miguel Ángel, cuando llegamos y fuimos a pagar la entrada yo me enfadé muchísimo porque la tarifa reducida para menores de 25 a la que se supone que se podía acoger Chris, finalmente no nos sirvió porque a pesar de ser residente, él no había nacido en Europa y por tanto no tenía derecho a la reducción. Me dio tanta rabia que me negué a pagar 16€ para ver una escultura, y pensé que sería mejor invertirlos en una de las colecciones de pintura más ricas y famosas del mundo: la Galería Ufizzi.


Así que allí fuimos contra todo pronóstico. Pagamos la entrada sin ningún tipo de reducción y entramos al museo después de pasar un control de seguridad.


Las salas de pintura de la Galería Ufizzi están ordenadas cronológicamente y gracias a la estructura del museo en forma de U es muy sencillo recorrerlas sin perderse. La parte más famosa y donde se agolpa más gente es la que acoge al renacimiento italiano, con obras de genios como Botticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael o Tiziano.


La construcción del edificio comenzó en 1560 por orden de Cosme I de Médici para sustituir al Palacio Vecchio como residencia. En 1581 finalizaron las obras y el edificio comenzó a albergar las innumerables obras de arte que había reunido la familia Médici durante décadas.

 

Cuando nosotros estuvimos el edificio se encontraba en obras de ampliación para poder exhibir todo lo que hasta ahora, por limitaciones de espacio, ha sido imposible.
Entre los cientos de obras que componen la galería hay varios tesoros, como el Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli.
El nacimiento de Venus
Los grandes ventanales de la galería de la planta superior tienen unas vistas preciosas del Ponte Vecchio al atardecer y del Palazzo Vecchio.


Y desde su cafetería también hay una vista privilegiada de la catedral, el campanario 


Cuando terminamos de visitar el museo ya estaba muy oscuro y aprovechamos la tregua que nos estaba dando la lluvia para volver a ver Florencia de noche.

Panino Vegano!

El segundo día en Florencia tuvimos la tentación de volver a la Pizzería La Luna pero finalmente decidimos probar un sitio nuevo que yo tenía apuntado y con muchas ganas de probar.


Panino Vegano es un restaurante 100% vegano, sin gluten y bio. Un paraíso para mi :) En él se puede disfrutar de hamburguesas, ensaladas, pizzas y postres sin sufrimiento animal con la garantía de saber además de que no hay posibilidad de contaminación cruzada. 


Es un restaurante chiquitín, muy coqueto y a solo dos minutos andando de la catedral, con unas cinco mesas y un pequeño mostrador donde se pide la comida y desde el que te la sirven una vez está lista. Tras el mostrador, la plancha donde se hace la comida. Hay también una pequeña estantería que hace las veces de tienda y un corcho donde dejar unas notas. Todo lo que se utiliza en el restaurante es biodegradable y cada comensal se encarga de echar sus platos y cubiertos a los contenedores de reciclaje que hay en el restaurante.



Nosotros decidimos pedir un par de hamburguesas veganas personalizadas, que consistía en un tipo de carne vegetal, un par de verduras y un tipo de salsa. El pan era casero y por supuesto sin gluten. Estaban muy, muy ricas.

Burger de Chris
Burger de Patri

También pedimos una porción grande de pizza vegetal, que no nos gustó tanto como las hamburguesas. La cuestión es que iban haciendo pizzas según se iban pidiendo, así que cuando pedías un trozo de pizza, te tocaba de la que acaban de hacer, fuera cual fuera. Es decir, no se podían elegir los ingredientes. La base estaba bastante rica, pero yo habría elegido otra combinación de ingredientes.


De postre pedimos una tarta casera de chocolate con crema que estaba para chuparse los dedos.


Salimos muy contentos, por un lado por lo que supone ir a un sitio y pedir sin preocupaciones sabiendo que nada tiene gluten; por la calidad y sabor de la comida y también por el precio, ya que resultó muy económico.

La Piazza de la Signoria

Cruzamos el Ponte Vecchio y atravesamos el Museo Ufizzi (al que volveríamos más tarde) para llegar hasta la cercana y animada Piazza della Signoria.


La Piazza de la Signoria es la plaza más importante de Florencia y está situada entre la Piazza del Duomo y el río Arno. Durante el Imperio Romano la plaza contaba con una instalación termal. A principios de la Edad Media las termas desaparecieron y la plaza fue tomada paulatinamente por artesanos.



La Piazza della Signoria adoptó su forma actual a mediados del siglo XIII y fue pavimentada a finales del siglo XIV. Siempre ha estado muy unida al poder civil.


En ella se encuentran varios edificios emblemáticos de Florencia: el Palazzo Vecchio, la Logia dei Lanzi, la Fuente de Neptuno, la estatua de Cosme I o el Palacio Uguccioni. La plaza es muy animada y durante todo el año, aunque especialmente en verano, gente local y turistas se dan cita aquí para disfrutar de los artistas locales que usan la plaza como escenario.
 
El Palazzo Vecchio es el edificio más característico de la plaza. Su forma de castillo y su torre de 94 metros de altura son uno de los estandartes de Florencia. En su entrada se pueden ver las esculturas de Adán y Eva, de Hércules y Caco; y una copia del David de Miguel Ángel (el original está en la Galería de La Academia).
Fue construido entre 1299 y 1314 con la idea de ser un lugar de residencia y trabajo de los funcionarios de la república. El palacio ha recibido distintos nombres a lo largo de su historia, siendo Palazzo della Signoria su primer nombre, que fue sustituido por el nombre actual cuando la corte se trasladó al Palacio Pitti.
 
En su interior hay una serie de salas entre las que destaca la del Cinquecento, la más grande Florencia y que aun conserva su uso original como sala para audiencias y eventos especiales. Nosotros no quisimos entrar al palacio aunque sí que entramos hasta uno de los patios al que se accede desde la propia Piazza della Signoria.


La fuente de Neptuno fue construida por Bartolomeo Ammannati y sus discípulos, aunque no fue muy apreciada en sus comienzos.


La Logia dei Lanzi es un pequeño museo al aire libre en cuyos soportales se encuentran diversas esculturas como el Rapto de las Sabinas o Perseo con la cabeza de Medusa. Es uno de los mejores lugares de Florencia para sentarse y descansar, tanto si es verano o invierno ya que está resguardado y además, es gratuito. 

Blogging tips