martes, 23 de diciembre de 2014

VIVIENDO EN CAMBOYA:: 6 meses trabajando y viajando por Asia



Ya hace dos años que volví de Camboya... ¡cómo pasa el tiempo! Parece que fue la semana pasada, pero no. En esta entrada me he puesto muy nostálgica, intentando recordar un poco cómo fue mi experiencia viviendo y trabajando en este humilde país asiático. Me he extendido más de lo que quería, pero se me hace imposible resumirlo más, y aun así me he dejado tanto en el tintero... Aquí os cuento cómo fue. Abajo del todo podéis ver todos los posts que hay sobre Camboya en el blog (nada menos que 41, ninguno aburrido!). Estoy trabajando duro para que estén todos listos porque de momento solo tienen fotos...

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

En 2012, recién llegada de hacer unas prácticas de marketing en Inglaterra y con 24 años recién cumplidos, me encontré con el mismo panorama laboral desolador que había dejado unos meses atrás. Así que me empecé a apuntar a todo tipo de trabajos de Vitoria y del resto del mundo, con la esperanza de volver a Inglaterra. Encontré uno de de responsable de marketing online en Camboya. En Camboya...

No era lo habitual, pero tan extraño no sería si había más de 250 personas que también se habían apuntado. Así que me apunté sin pensarlo demasiado, y cuando me llamó el jefe de aquella empresa, no me lo podía creer. Y cuando me dijo que a ver cuándo podía ir, me pareció un sueño hecho realidad. Claro que era la única de mi entorno a la que le parecía que aquello era bueno. Todo el mundo opinaba que: iba a cobrar muy poco (150€/mes)  / que Camboya estaba muy lejos / que mi desesperación por el panorama laboral me iba a llevar muy lejos (y no en el mejor sentido) / que eso era otro mundo / que no tenía dinero ahorrado... Todo eran excusas y pegas pero después de dos semanas les convencí y compré el vuelo para irme dos semanas más tardes.

Así comenzó una de las mejores experiencias de mi vida, y también la más dura, porque me pasó realmente de todo, desde lo más bueno hasta lo peor. Pero ahí queda, una vivencia más :)


MI TRABAJO

Yendo al trabajo en mi bici
Trabajé en Merry Travel Asia, una agencia de receptivo que creaba los paquetes de viaje y los vendía a tour operadores y agencias minoristas en Europa, Norteamérica y Australia. En la oficina estábamos 9 personas, todos ellos camboyanos (salvo yo). La edad media era de unos 27 años e incluso mi jefe que era el más mayor era joven. Todos hablaban inglés, algunos mejor y otros peor. Me enseñaron camboyano, pero hubo frases que no fui capaz de aprender... ¡qué complicado! suasa-dai!

Comida con los compañeros: todos sentados en el suelo y comiendo con las manos
La oficina de Merry Travel Asia está en una de las carreteras desde las que se accede a los templos de Angkor, en la primera planta de un edificio de dos plantas, entre viviendas y tiendas. Todos trabajábamos con ordenador, pero yo había llevado mi portátil para trabajar, y las hormigas, que eran residentes fijos, se metían por el teclado y acabaron cargándoselo. Desde la ventana podía ver la calle, siempre llena con tuktuks que llevaban a los turistas a ver templos, vendedores ambulantes, vacas y en alguna ocasión, incluso elefantes. Y, como llegué en junio y allí es temporada de lluvias, también podíamos ver cómo llovía cada día de forma torrencial, siempre durante aproximadamente 1 o 2 horas, a veces más.

Trabajando en la feria de Vietnam con dos compañeras
Mi trabajo consistía en hacer "un poco de todo" relacionado con el marketing online: a parte de crear y gestionar los perfiles en redes sociales, iniciar un blog, trabajar SEO y SEM (posicionamiento en buscadores), hacer modificaciones de la web para adaptarla mejor al público occidental y traducir contenidos de inglés a castellano, que era en lo que consistía mi trabajo, fueron surgiendo algunas otras cosas: recibir a los grupos españoles en su paso por Siem Reap o atender a viajeros españoles en problemas (a veces bastante peliagudos), acompañar a algunos grupos durante un tramo del viaje o lo más interesante: ir de representante de la empresa a la feria ITE en Ho Chi Minh en Vietnam o visitar hoteles de auténtico lujo, como Song SaaAmansara Resort o Sofitel Angkor Phokeethra. En algunos como el Indepence hasta me quedé tres noches en una suite con vistas al mar y jacuzzi :)

Haciendo la inspección de un hotelito :)
El horario era de 9 a 12 y de 13:30 a 17:30 de lunes a viernes, y sábados solo por la mañana. Se me pasaba volando el tiempo, lo malo es que al poco de salir a la tarde se hacía de noche y tenía la impresión de que pasaba todo el día allí. Mi sueldo era de $200 mensuales, y mi jefe me pagaba aparte el alojamiento, mi bici y algunos viajes de "prospección" para conocer Camboya: a Sihanouk Ville, Phnom Penh, los templos de Angkor, Koh Ker y Beng Melea, y a Kratie y Stung Treng. El contrato duró 6 meses que no quise alargar después de todo lo que pasó (lo cuento más abajo), aunque ahora que estoy más tranquila, volvería con los ojos cerrados.








DÓNDE VIVÍA

Mi casa durante 6 meses... 
En un principio mi jefe me buscó un apartamento a 100m de la oficina, pero tenía varios problemas: el apartamento estaba dentro de un edificio vallado y dentro de la valla me esperaban siempre unos perritos nada amigables que podían tener rabia sin ningún problema. Y no había aire acondicionado. Ni armario. Ni siquiera había nada en la cocina aparte del hormigón: ni cocina, ni lavadora, ni microondas... Tenía que comprar absolutamente todo. Y claro, tampoco tenía internet, por lo que no podía utilizar Skype a una hora normal para poder llamar a casa. A las dos semanas conseguí que me cambiara a un hotelito pequeño a pocos metros de una de las calles principales de Siem Reap y muy cerca de bares, tiendas, mercado... y ambiente en general: el Garden Villa. Estaba eso sí al lado de una mezquita, así que 5 veces al día tocaban la campanita para llamar al rezo, y el camino para acceder era de barro y cuando llovía la bici se quedaba atascada, me tenía que bajar y seguir hasta la entrada con el barro hasta los tobillos.

Justo a mi derecha está mi hotel. Esa carretera se embarraba muchísimo.
Mi habitación era doble (con dos camitas) y tenía un baño dentro. El baño a su vez tenía una ducha "abierta": un agujero en el suelo y el grifo pegado a la pared, que la verdad era muy cómodo. También tenía el grifito pequeñito típico de los países asiáticos en váter. De hecho muchas veces me ponían en una difícil situación cuando me daba cuenta tarde de que la mujer de la limpieza se había llevado el papel y me quedaba a solas con el grifo. Al final opté por utilizar siempre el método asiático, y tengo que decir que le cogí el gusto y todo. Una de las cosas que no me gustaba tanto era cuando dejaba la bolsita de ropa para lavar en recepción y al devolvérmela faltaba un calcetín, o una camiseta, una toalla... Menos mal que normalmente recuperaba todo. Salvo el jersey que perdí en el viaje a Sihanouk Ville... esa fue una anécdota divertida :) Me dejé un jersey de rayas en este hotel y les escribí adjuntando una foto del jersey para que me lo mandaran. La sorpresa fue cuando al abrir el paquete me encontré, para mi sorpresa, un albornoz de pingüino de niño... No podía creérmelo.


El mecánico de bicis arreglando un pinchazo de la mía,
siempre en la misma sombra, cada día.
En la habitación tenía un ventilador y aire acondicionado (por el que tenía que pagar $4 por cada día de uso, así que solo lo usé una vez). A veces tenía tanto calor que me picaba todo el cuerpo y no me podía dormir. Había también una tele que sintonizaba TVE Internacional y en la que veía Cifras y Letras y Españoles por el Mundo... Por suerte el wifi llegaba bastante bien hasta la habitación y no tenía problemas para mis charlas infinitas por Skype. Había un armario y una neverita pequeña, que me venía fenomenal para poder tener leche, queso, fruta y yogures fresquitos, y alejados de la lagartija con la que compartía cuarto y que llamé Frostie, como se llama también mi pez de Vitoria.

Uno de los hoteles en los que nos colábamos
Normalmente el calor era asfixiante, así que muchos días me colaba con una amiga holandesa en un hotel majo para bañarnos en la piscina... Seguramente uno de los momentos más divertidos fue colarnos en este hotelazo al anochecer y aguantarnos la risa al ver cómo los camareros nos trataban como reinas a pesar de las pintas, pensando que éramos huéspedes. Recuerdo que en ese hotel nos colamos varias veces y siempre estaba la piscina vacía, aunque lo que es el jardín estaba lleno de ranas.








COUCHSURFING

En el orfanato en el que Marjolein estaba de voluntaria
Para el que no conozca Couchsurfing, es una "red social" si se le puede llamar así, que pone en contacto a viajeros que ofrecen un sofá o que buscan un sofá donde quedarse a dormir sin dinero de por medio. Solo una buena conversación, o compartir una cena. Suena arriesgado para muchos, pero siempre he sido muy confiada y he pensado que en el mundo hay más gente buena que mala (con diferencia), y que por un "lobo" no voy a dejar de conocer a 20 "corderos".


Y así fue, en Camboya aprovechando que tenía un par de camas, ofrecí una de ellas en CS para conocer gente y que viajeros y viajeras se pudieran quedar y me hicieran compañía. De todas las que alojé, no hubo una sola que fuera "lobo". Me guié por las recomendaciones de otros viajeros (la página funciona así) y conocí a gente encantadora, con vidas tan distintas y formas de pensar inusuales en mi entorno en casa.

Comiendo en el restaurante "del curry bueno y barato"
Alojé unas veinte personas de Perú, Polonia, Costa Rica, Canadá, España, Francia, China y Estados Unidos y quedé para cenar o tomar algo con gente también de Holanda, República Checa, Estados Unidos, España, Argentina, India, Francia y Brasil. Algunas venían solo para un par de días pero se quedaron algo más, como Amaia de Sopelana y Sara de Valladolid, que fue como tener unas hermanas por unos días. ¡Qué feliz me hizo su compañía! Ahora sé que tengo "sofás" en muchas partes del mundo y muchos de ellos se han convertido en buenos amigos, aunque sea en la distancia. 

Pero sobre todo, lo mejor fue encontrar a Marjolein, de Holanda, con la que pasé los últimos dos meses comiendo, cenando, de fiesta, de excursión en bici y hasta de viaje por Tailandia. Esos dos meses fueron duros pero sé que sin su apoyo allí lo hubieran sido mucho más. También me llevo de allí a Richard, un norteamericano con el que coincidí en un hostel en la capital. Con él me pasó una cosa curiosa: no nos conocíamos de nada, vivíamos en dos puntos muy distantes del planeta, pero al hacernos amigos en Facebook teníamos un amigo en común... Era un chico catalán que estaba viajando por Asia y se había puesto en contacto con Richard y conmigo por separado a través de Couchsurfing. Por supuesto, los tres (y alguno más) nos juntamos en Siem Reap y nos tomamos una juntos. Hoy en día mantengo un contacto regular con Richard a pesar de estar viviendo en Paraguay, y para mi fue otra de las personas que no podré olvidar.



COMER SIN GLUTEN

Mi curry favorito
Cuando tomaba la decisión de irme a Camboya, la verdad es que no reparé mucho en cómo sería mi dieta allí. Bastante complicado era encontrar trabajo como para ponerle pegas.

Después de haber estado en otros países, había asumido que siempre habría opciones para comer y que la experiencia que iba a vivir era más importante que el hecho de que quizá iba a tener que vivir de arroz durante un mes. Así que pensé en no llevarme nada, ya que por mucho que me llevase no me iba a durar 6 meses y cuanto antes me defendiera, mejor. Al final mis padres lograron colarme un fuet, un bizcocho, unas galletas y algo más en la maleta, pero las hormigas se dieron cuenta demasiado pronto del buffet y apenas los pude disfrutar :(

Recuerdo que el primer día estaba abrumada con la oferta de restaurantes de lujo para los turistas más exquisitos, los normalitos también para turistas, los restaurantes en los que comían los locales, los mercados y los puestos de la calle. Acabé en un restaurante pagando 8€ por una arroz y me di cuenta de que tenía que buscarme la vida de otra forma, porque mi presupuesto diario, no solo para comida, sino para todo, era de 5€. Al principio encontré un restaurante en el Old Market que tenía una carta donde comprobé que había varios platos que podía comer: arroz frito, lok lak, rollitos de primavera (camboyanos, no chinos, que los chinos no son aptos)... Me gastaba unos $3: 2,5 el plato y 0,5 el batido de fruta. Desde la primera semana supe que tendría que ceñirme a la cocina local, pero eso fue bueno.

En un puestito similar al que se ve (encima de la señal verde están las ollas)
solía comer cada día una ración de arroz por unos 20cts.
Después encontré puestitos de la calle donde iba comprando mazorcas de maíz con leche de coco, plátanos asados y brochetas de pollo. En el mercado central solía comprar patatas, remolacha y plátano frito (en bolsa, como snack), fruta y frutos secos.
Solía hacer mis comidas en 5 sitios distintos:

  • El puestito de calle de la abuela y la nieta que tenía varias ollas para elegir lo que querías echarle al arroz. Lo podías comer allí, en una mesita, o bien te lo ponían para llevar en bolsas de plástico. Una ración de arroz, verduritas con carne y tortillita me costaba $1.25. A veces lo comía allí mismo, rodeada de unos estudiantes que acababan de salir de clase y que me miraban entre divertidos y curiosos; y otras veces me lo llevaba a la habiación 
  • El restaurante local "del arroz frito": estaba fuera de la zona turística y a Marjolein y a mi ya nos conocían y nos sacaban la "carta camboyana" con precios mucho más baratos. Nuestro plato favorito era arroz frito con anacardos acompañado por un batido exquisito de fruta, todo por $1.75.
  • Bebiendo coco

  • El restaurante local "del curry": era el que más nos gustaba para comernos un buen plato de curry al mediodía. También nos conocían y ya no nos hacían trampa con los precios. Pedíamos una cazuela de curry para compartir y una ración de arroz hervido para cada una. La botella de agua la llevábamos nosotras. Nos costaba $1.50 a cada una.
  • El restaurante local del Old Market: de entre todos los del mercado, era mi favorito. Sobre todo iba a comer al principio. Tenía muchos platos típicos, entre ellos el rollito de verano (que no se debe de confundir con el de primavera, que sí lleva gluten) o el lok lak. Me solía pedir un batido también. Aquí la comida me solía costar un poco más cara por estar donde estaba: unos $2.5-3.
  • El supermercado "Lucky Angkor": estaba orientado a turistas, pero era la única forma de comprar yogures, leche y queso (en Camboya no se consumen lácteos) además de los crackers Fantastic (que no tenían gluten) e incluso tenían unas galletas sin gluten de Orgran. A veces también compraba manzanas, que tampoco había en los mercados tradicionales.

Crepe de harina de casava
Mi experiencia en cuanto a la comida, a pesar de ser repetitiva, fue muy positiva. Para ser sincera, intenté pocas veces explicar que era celíaca, porque sabía que no me entenderían. Lo hice de otra
manera. Me informé (a través de internet, de mis compañeros de trabajo y de algunos camareros) en qué consistían los platos tradicionales y que solían aparecer en la carta. Por ejemplo, entre los camboyanos era habitual comer mono, serpiente, rana e incluso hormigas, pero en los restaurantes a los que suelen ir los turistas los platos están "suavizados". Sí que fui a comidas con mis compañeros en los que comí esos platos, pero no es tan habitual. Sabiendo en qué consistía cada plato, sabía cuáles no debería pedir bajo ningún concepto y cuáles eran seguros.
La salsa de soja es habitual, aunque por suerte no tanto como en otros países del Sudeste Asiático. En los restaurantes a los que iba la cocina estaba a la vista, y no les importa si miras cómo cocinan. En una ocasión les pedí que no le echaran salsa y la verdad es que no solo no me miraron raro, sino que además a partir de entonces se acordaron de que a mi arroz no se le echaba salsa de soja.
Por lo demás, la mayoría de ingredientes que se utilizan en la cocina camboyana, no contienen gluten. Una excepción son las salsas, pero por lo general las ponen aparte, así que no están integradas en el plato cuando te los sirven. Incluso cuando iba a comprar plátanos asados, me preguntaban si quería la leche de coco. No por nada, sino porque hay gente a la que le gustará y gente a la que no.
Probando tarántula frita

No utilicé la tarjeta explicativa en inglés. Los camboyanos, salvo en rarísimas ocasiones, no entendían bien el concepto de alergia, o al menos no en un sentido tan amplio. Explicar qué es el gluten en un país en el que el cereal principal es el arroz, es difícil, aunque también se utilice el trigo en salsas, pan (traído por los franceses) o rollitos de verano. Me resultó más fácil comer en un restaurante "de camboyanos" que en uno para turistas. Todo era más fácil en uno de turistas: los camareros hablaban inglés, muchas veces incluso había algún extranjero al mando que podía recomendar, conocías los platos... Pero a la vez sabías que en la cocina había mucho más gluten que en un restaurante tradicional: servían pasta, pizza, pan, rebozaban, freían... Mientras que en los locales normalmente tenían una olla de arroz y otro lugar para cocinar los fideos, y a partir de ahí tenían sus verduras y su carne, pero la contaminación era mucho más improbable.
En cuanto a los fideos, el tema se complica. Saber si unos fideos son de trigo, es fácil: son amarillos. Saber si son de arroz, también: son blancos. Pero saber si unos blancos pueden tener algo de trigo puede ser mucho más difícil. Lo mejor era no fiarse, pero hay otra opción: hablar con el restaurante. Si los fideos vienen de Camboya (que a ellos les resulta más barato), lo más probable es que sean de arroz, ya que allí no hay cultivos de trigo. Lo mismo pasa con las zonas rurales donde el único cereal que cultivan es arroz. Así, pude comer unos fideos fritos riquísimos, e incluso sopa de fideos en las zonas rurales y en un par de restaurantes que conocía.
    Durante los viajes por el país probé muchas cosas: coco (que también compraba en el mercado), tarántulas, rana asada, ensalada de mango, crepes con harina de casava... Lo mejor fue poder viajar con mis compañeros y con gente de allí, con la que seguramente llegué a sitios a los que no habría podido llegar de otra manera, con la que comí cosas que ni se me habrían ocurrido y que me pudo explicar un poco en qué consistían los platos. También con el trabajo fui a una inauguración de un restaurante con un enorme buffet de comida tradicional en el que los camareros podían indicar con detalle lo que tenía cada plato... pero claro, comer allí no salía precisamente barato :)

    Por último, aquí escribí un poco sobre comida callejera en Camboya.


    LOS CAMBOYANOS

    Mis compañeros de trabajo eran camboyanos, y los trabajadores del hotelito donde vivía también. Como lo eran las personas con las que compartía mesa para comer o a las que les compraba la comida. No llegué a caer en los círculos viciosos de "expats" o expatriados aunque sí fui a alguna actividad (como una buena fiesta en casa de un español que salió en Españoles por el Mundo en Camboya). La verdad es que estaba bien, pero era una burbuja separada de la realidad.

    Camboya es un pueblo que ha sufrido mucho. Arrastra consigo las consecuencias del régimen Pol Pot que en los 80 exterminó a casi un tercio de la población. Camboyanos mataban a camboyanos que consideraban "sospechosos" para el régimen: por llevar gafas, por saber leer, por tener una religión, por ser profesor... Todo tipo de indicio de cultura justificaba el asesinato de la persona y toda su familia. Esto no es fácil de superar. Muchos camboyanos son huérfanos. Además quedan muchas minas antipersona que todavía se cobran vidas. Los camboyanos ancianos aun tienen miedo, e incluso de vez en cuando se descubren familias que han vivido en la selva desde que empezó el régimen, y que no han tenido contacto con nadie más.

    Los camboyanos son luchadores. Salieron de una situación de terror en la que casi todas las familias perdieron algún miembro (o incluso desaparecieron del todo), pero han salido adelante, aunque no olvidan lo que pasó. A pesar de ser muy alegres, creo que en la mirada de los más mayores aun se aprecia tristeza. Tienen poco, pero son felices. Enseguida sonríen. Me enseñaron mucho

    Pero sí tengo un "pero", que es sobre un porcentaje muy pequeñito de la población camboyana. Lo pasé realmente mal cuando tuve problemas. Cuando tuve el accidente de autobús, nadie y digo nadie se paró a ayudarnos, y eso que pasaban autobuses vacíos. Ni siquiera frenaban un poquito. Y cuando había un accidente con heridos, no había nada mejor que hace que sacar fotos. Me pareció que eran un poco morbosillos. Por otro lado, la corrupción. Es terrible. La policía es corrupta. No me dejaban conseguir mi denuncia para recuperar mi pasaporte si no les pagaba. Pero en la denuncia también decía que me habían robado el dinero. Era desesperante...







    EL PAISAJE, LAS CASAS Y LA CULTURA

    Esto es una de las cosas que más me gustó. Siempre me han fascinado los países donde la vida es totalmente distinta a la que yo conozco: comen diferente, viven en casas diferentes, celebran fiestas distintas y se despiertan con un paisaje que no existe donde vivo. Camboya es un país muy llano, con algunas zonas montañosas en Mondulkiri y los Cardamomos y algún montecito suelto, pero poco más. Abundan los campos de arroz por todas partes, pero no en terrazas, sino llanos; y también selva.


    En el sur tiene unas playas e islas preciosas bañadas por el Golfo de Tailandia. También está el lago Sap, el más grande de la península de indochina y donde todavía existen los pueblos flotantes.


    La mayoría de las casas, especialmente en las zonas rurales, no tienen luz, ni agua corriente ni electricidad... Lavan a mano, cocinan como antaño y duermen sobre colchones finitos sobre el suelo. Muchas están hechas con bambú y hojas de palmera, levantadas sobre unos --- para dejar la parte baja para el ganado y para protegerla de las fuertes lluvias. Aunque como en cada país del mundo, en las zonas urbanas las cosas cambian más rápido: las casas crecen hacia arriba y se cambian los elementos naturales por el hormigón.

    Templos de Angkor
    Una gran parte de la población es budista theravada, aunque también hay una parte importante de la población hinduista y una pequeña parte de musulmanes. Por eso, es posible ver a los monjes budistas paseando junto a mezquitas. Pero si hay algo que destaca en la cultura jemer son los magníficos templos de Angkor, la danza apsara o el prodal, el boxeo jemer. Como dicen ellos, "same same, but different".

    Concretamente, los templos de Angkor bien merecen estar en la lista de Maravillas del Mundo (pero ya sabemos lo que pasa cuando se deja a votación popular este tipo de cosas). Los templos de Angkor son Patrimonio de la Humanidad desde 1992. La historia la podéis leer mejor aquí. La zona de Angkor es tremendamente amplia y cuenta con más de 900 templos, de los cuales los más visitados y conocidos son: Angkor Wat (la postal de Camboya), Ta Prohm (el de Indiana Jones) y Bayón (el de las caras). Merece la pena ver la puesta de sol desde uno de ellos. Yo estuve un fin de semana para visitarlos, un día en tuktuk y otro en taxi, y siempre con guía, y me quedé sin tiempo y con ganas de más. Realmente merece la pena dedicarles al menos 3 días. También recomiendo los templos menos conocidos de Beng Mealea y Koh Ker.

    El idioma jemer, (khmer para ellos, pronunciado kamae) proviene del sánscrito y del pali. Su pronunciación es muy complicada para casi todo el mundo, y no digamos su alfabeto! Con decir que después de 6 meses solo era capaz de leer los números... (y porque me interesaba para saber los precios). Como curiosidad, el jemer no tiene género, ni tiempo. Mucha gente lo emparenta con el tailandés, de origen chino, pero solo comparten algunas palabras dada su proximidad geográfica. Seguro que os suena por ejemplo que muchas islas de Tailandia y Camboya empiezan por "koh" y es que "koh" significa isla: Koh Phi Phi, Koh Rong, Koh Samui, Koh Samet...




    LOS MALOS MOMENTOS...

    Durante mis meses en Camboya hubo buenos momentos, pero como en casi todos los viajes que he hecho, también hubo malos, y tengo que decir que además, fueron peores de los que me esperaba. En Hungría me había desmayado en un comedor (fue la primera y única vez que me ha pasado) mientras esperaba en la cola del comedor, tirando la bandeja por los aires. En Australia me rompí el dedo haciendo surf y las 3 siguientes semanas de viaje fueron una tortura, teniendo que hacer todo con la mano izquierda. En varias ocasiones extraviaron mis mochilas y maletas. Pero no esperaba que aun pudiera tener tan mala suerte.

    Todo empezó el 22 de septiembre. Haciendo un trekking en elefante en Mondulkiri, mi móvil "misteriosamente" se extravió (digo misteriosamente porque estoy convencida al 99% de que me lo robó mi guía cuando le dejé la mochila para subirme al elefante). Al día siguiente, cuando volvía a Siem Reap en un viaje de autobús de 15 horas, me despisté cuando me bajé para averiguar en qué momento tenía que cambiarme de autobús. Cuando volví a subirme, cogí la mochila corriendo y me fui al bus correcto. Ya subida en el nuevo bus, me di cuenta de que me faltaba mi portadocumentos, en el que llevaba las cosas más importantes: mi pasaporte, todo el dinero en efectivo que tenía y las tarjetas de crédito.

    Por suerte, tenía una tarjeta de débito (sin apenas dinero) y fotocopias de casi todos los documentos, pero aun así, sabía que la había liado muy gorda. Ahí empezó mi verdadera pesadilla. Tenía que recuperar el pasaporte en un país sin embajada española, y sin dinero. Decidí no decir nada a mis padres para no preocuparles, pero eso hizo que me tragara mi pesadilla yo sola. Mi único consuelo era llamar por Skype a Chris cada noche para llorar un rato y contarle las penas a 10.000km de distancia. En total, recuperar el pasaporte me llevó dos meses, casi $400 (para pagarlos tuve que dejar de hacer una comida al día) y más de 3 viajes a la capital, además de un accidente de autobús.

    Primero tuve que ir a la policía para hacer la denuncia. El oficial de turno (policía turística), rodeado de fotos de golf y lujo, me atendió muy bien, hasta que me pidió que le pagara. Por hacer la denuncia. Denuncia en la que decía que me habían robado el dinero que tenía y el pasaporte. Me fui de allí con las manos vacías, porque realmente no tenía dinero para pagarle. Mi jefe tuvo que intermediar y acabar pagando por mi. Primer indicio claro de lo que es un país corrupto.

    Después me enfrenté a unos impresentables en la embajada francesa, a la que tenía que acudir para que me hicieran un Laissez-Passer, un documento para poder salir del país de forma legal y llegar a mi embajada en Tailandia. Me lo pusieron muy complicado y tuve que hacer nada menos que 3 viajes a su embajada, 2 de ellos innecesarios porque no me querían contestar por teléfono o por correo. Para cada viaje tenía que pasar dos noches en Phnom Penh, pedir dos días de vacaciones y tragarme un viaje de 14 horas de autobús. La embajada española por su parte, contestaba a los correos tarde y no cogía el teléfono.

    Con el dichoso Laissez-Passer en la mano ($60), tuve que ir a la Oficina de Inmigración de Camboya para conseguir un visado y poder salir de Camboya. Allí me las ví y me las deseé porque sin los visados del pasaporte no podía demostrar que había estado legal en el país durante cuatro meses. Me querían hacer pagar todos los visados. Mi jefe tuvo que mediar de nuevo enviando fotocopias y tickets de todo tipo para demostrar que yo estaba allí legal, y trabajando. En ese proceso llamé a mi padre desesperada para que me diera un teléfono que necesitaba, y como no podía dármelo en ese momento, me puse a llorar y le colgué. Ahí destapé el pastel. Mi padre empezó a moverse en España para sacarme de Camboya y se puso en contacto con mi tía, que tenía contactos en la embajada en Tailandia (aunque finalmente, no me hicieron falta, si fue un alivio).

    Accidente en bus
    Entre tanto, en uno de esos viajes en bus, tuve un accidente. Volvía de noche a Siem Reap en un bus "de juguete" con literas. Eran las 4 de la mañana cuando noté como el autobús estaba volcando sobre mi lado. Me había imaginado ese momento tantas veces... No podía creérmelo. Cuando tocamos suelo empezó a entrar agua y recé porque no hubiéramos caído en un lago sino en un campo de arroz. Cuando el agua me llegó a los tobillos, paró. La gente en el autobús gritaba. Alguien dijo en inglés que teníamos que apagar el motor porque olía mucho a gasolina y aquello podía arder. Me puse muy nerviosa y creo que habría sido capaz de subirme encima de toda esa gente y salir corriendo y correr y correr hasta que ya no pudiese más. Pero nos costó bastante tiempo salir de aquel bus. Por suerte un valiente más tranquilo que yo apagó el motor y consiguió sacarnos a todos por la puerta del conductor, que había desaparecido como es habitual por allí.

    Estando todos fuera, empezaron a sacar las cosas del bus y a repartirlas, mientras algunos de los camareros de abordo borraban las letras de la empresa de las ventanillas para que no apareciera en las fotos. Fue amaneciendo y empezaron a pasar coches, camiones y autobuses. Ninguno se paraba, ni siquiera aminoraban la velocidadPodría haber habido heridos, pero por suerte estábamos todos bien. Dos horas más tarde llegó la policía, que se limitó a sacar fotos con sus iPhones y eso fue su labor. La empresa mandó una hora después un autobús vacío y nos dieron una botella de agua. Eso fue nuestra compensación, ni siquiera nos devolvieron lo que habíamos pagado.

    Lo siguiente fue conseguir un visado de entrada a Tailandia, en la embajada de Tailandia en Phnom Penh (lo normal es conseguirlo en frontera, pero para eso se necesita el pasaporte). Llegué en un día festivo en Tailandia, así que la embajada estaba cerrada. El guarda, a cambio de que le pagara "un poco más" me dijo que me lo haría para el día siguiente. Me dijo que o aceptaba o que me las apañase. Le habría cogido del cuello, pero tenía algún tipo de arma cruzada. Me contenté con gritarle un poco mientras me miraba sin moverse un ápice, hasta que paré. Al final le dejé el Laissez-Passer con el tremendo miedo de que me timara y perdiera lo que más me había costado conseguir. Al día siguiente, fui a la hora que me dijo: la embajada estaba cerrada y ni rastro de él... Y de repente la embajada abrió! Y me atendieron! Y allí estaba mi visado, el tercer y último papelito que necesitaba. No sabía si llorar de alegría. Estaba deseando salir de Camboya de una vez y llegar a Loiu, después al coche de mis padres, darles un abrazo, volver a casa, meterme en mi cama con Anouk y sentir que ya no podía pasarme nada más, que la pesadilla ya había acabado. Pero para eso aún faltaba mes y medio. Podría esperar.


    ...Y LOS BUENOS MOMENTOS

    Hablando de los malos me he estirado un poco... pero me he quedado agusto :) Ahora toca hablar de los buenos, que los hubo y muchos. Algunos de los mejores estaban relacionados con mi trabajo: la posibilidad de ir a una feria en Vietnam y recorrer Ho Chi Minh de la mano de un local, visitar algunos de los hoteles más lujosos de Camboya, como el de Song Saa, el Amansara o el Sofitel Pokheethra; o pegarme unas mini vacaciones en una suite con vistas al mar en el hotel Independence, menos lujoso que los otros, pero bastante más de a lo que podía aspirar. Aquello sí que fue vida... menudos desayunos, menudos baños en la piscina y en la playa privada... También fuimos a muchos brunch y desayunos en hoteles boutique de Siem Reap... ya sabéis... para poder recomendarlos :)

    Pero mi vida allí estuvo más bien poco ligada al lujo, y muchos de los buenos momentos no tenían que ver con él. Fue increíble conocer a una familia de la tribu Phnong y bañarme con su elefante.
    Bañando al elefante
    preparar la cena junto a Marjolein para los niños del orfanato en el que ella estaba de voluntaria. Por supuesto, como en cualquier viaje, las personas que conoces son unas de las partes más importantes, como Sauna, un niño de 13 años que vendía libros en el Old Market. Después de conocer la problemática de los niños que piden en las calles, o que trabajan para el turista, le dije que no le compraría libros, pero que si me veía, le invitaba a cenar, o a una CocaCola.



    Comiendo rana...
    Otro de mis momentos favoritos fue sin duda conocer los templos de Angkor. Después de verlos en mil revistas y de leer tanto sobre ellos, allí estaba, recorriéndolos por dentro uno a uno (los 900 no, solo unos 15) mientras mi guía me iba explicando la historia detrás de ellos. Incluso pude ir con los compañeros de trabajo a un evento de turismo de Asia (cuyo nombre no recuerdo), en el que los vimos iluminados, con fuegos artificiales mientras había danzas apsara y de otros países asiáticos. Cualquiera de las comidas a las que iba con mis compañeros fue especial: una en un pueblo flotante del lago Sap, donde comimos ranas. Otra, en un restaurante local, mientras brindábamos una y otra vez diciendo cholgmuy (algo típico de allí). Otra, en un restaurante que tenía cabañas sobre un lago, donde nos iban sirviendo la comida en el suelo. Otra, en la inauguración de un restaurante de lujo.



    10 COSAS QUE VER Y HACER EN CAMBOYA

    1. Explorar los templos de Angkor.
    2. Visitar los pueblos flotantes del lago Tonlé.
    3. Bañarse en las playas de Sihanouk Ville y alrededores.
    4. Montarse en el tren de bambú y ver el circo Phare Ponleu Selpak de Battambang
    5. Ver la danza apsara.
    6. Comer con las manos, en el suelo, y con palillos en alguno de los restaurantes locales.
    7. Bañarse con un elefante en Mondulkiri.
    8. Aprender un poco de camboyano y hacer unas compras en el Old Market y en el Night Market de Siem Reap.
    9. Asistir a una clase de cocina camboyana.
    10. Adentrarse en un templo budista para ver a los monjes.




    PRECIOS

    • Alojamiento: una cama en hostels como el Garden Village, al aire libre, sin ventiladores cuesta solo $1, pero en una habitación compartida puede costar $3. En Phnom Penh los precios son más altos. Una habitación doble con aire acondicionado bastante decente cuesta $15. Una sin aire acondicionado se puede conseguir por $6-12. También hay hoteles de gran lujo donde puedes pagar más de $1000 la noche. 
    • Transporte
      • Autobús: ir de Siem Reap hasta Bangkok costaba $10. Ir de Siem Reap a Phnom Penh, $7. De Siem Reap hasta Battambang, $3,5. Más o menos, 1 hora de trayecto cuesta $1. Los autobuses nocturnos deben evitarse, al igual que las compañías Rith Mony, Virak Buntham (con la que tuve el accidente) y Paramount Express. Las mejores son Mekong Express y Capitol. 
      • Tuktuk: un recorrido cortito en tuktuk debería costa $1. Si te llevan de una estación de bus a un hotel o al centro cobran un poquito más, igual que si el recorrido es algo más largo: unos $2-3. Para ver los templos de Angkor es posible contratar un tuktuk para el día. Si vas solo suele costar $15, si vais varios se puede pagar $20. Se puede regatear hasta $12. 
      • Bici: entre $1-5, dependiendo de lo buena que sea. Para ver los templos de Angkor no recomiendo en absoluto coger una barata. Los templos están muy distantes unos de otros y no tiene que ser agradable quedarse tirado a varios kilómetros de nada.
      • Moto: en Camboya no es tan habitual alquilar motos, y desde luego después de ver tantos accidentes, tampoco es muy recomendable. Hay muchos conductores de moto que llevan turistas por $1-3, pero no suelen llevar casco y es peligroso, aunque yo no tuve problemas.
      • Tren: no hay trenes en Camboya, salvo el bamboo train de Battambang, cuyo recorrido cuesta $10 por persona, $5 si nos vas solo.
    • Visado: el visado turístico con validez para un mes costaba $25. Ahora lo han subido a $30. 
    • Templos de Angkor: la entrada de un día (válida desde las 5 de la tarde del día anterior al que se va a usar, por si queréis ver la puesta de sol en los templos) cuesta $20. Una entrada para 3 días cuesta $40, y es lo mínimo para disfrutar de los templos, ya que el complejo es gigante.
    • Comida: aquí se abre un abanico de posibilidades. Es posible comer en los puestos de comida callejera por menos de $1. En los restaurantes locales pagaréis entre $1-3. En los más turísticos desde $4 hasta lo que queráis. Una botella de agua de 1,5l costaba en 2012 3000 rieles (0,7€). El agua de grifo no es potable.


    ALGUNAS CURIOSIDADES

    • En Camboya existe la ley aunque no lo parezca:
      • Es obligatorio llevar cinturón en el coche y no se puede hablar por el móvil mientras se conduce. Eso es la teoría pero...
        • En las motos tipo scooter pueden ir hasta cuatro adultos.
        • Pueden multarte por ir sin casco... o no.
        • Vi niños conduciendo que a duras penas llegaban a los pedales.
      • Existe un organismo que lucha contra la corrupción.
        • Pero hasta ese organismo es corrupto.
        • Y la policía es corrupta.
        • Y todo el que puede es corrupto.
    • En muchos restaurantes no había cubiertos occidentales
      • Así que tuve que aprender a marchas forzadas a utilizar los palillos.
        • Sin mucho éxito al principio.
        • Con bastante destreza después de 6 meses.
    • Algunos camboyanos me miraban como si fuera un dólar andando. Sentía que muchas veces solo querían que les comprase algo. 
      • Pero con unas palabritas en jemer se les dibujaba una sonrisa.
        • Y empezaban a bajar los precios.
        • Y empezaban conversaciones entretenidas sobre qué hacía yo allí.
    • Los tuktuks son medios de transporte y hay demasiados (al menos en Siem Reap). Así que cuando no es temporada alta, muchos de ellos no tienen trabajo apenas. 
      • Pero si consiguen trabajo, son de los trabajadores mejor pagados.
      • Te atosigan cuando vas por la calle "tuktuk, lady?" a todas horas. 
      • Pueden venir bien cuando se te estropea la bici a 38º y no te apetece caminar con ella hasta el hotel.
      • O cuando está lloviendo tanto que el agua te llega hasta las rodillas y ya no sirve de nada la bici.
        • Las bicis se pueden montar en los tuktuks.



    BLOG

    En el blog he ido dejando mi paso por Camboya a modo de capítulos. He puesto las fotos pero aun me queda pasar los diarios de viaje del blog antiguo a este. Lo iré haciendo estos días según vaya teniendo tiempo.

    3 comentarios:

    1. Impresionada! Yo creo que no me atreveria por la comida a irme a vivir a Camboya. Todo un ejemplo a seguir! Me ha encantado el post

      ResponderEliminar
    2. Impresionada! Yo creo que no me atreveria por la comida a irme a vivir a Camboya. Todo un ejemplo a seguir! Me ha encantado el post

      ResponderEliminar
    3. Muchas gracias :) La verdad es que la decisión de ir fue muy impulsiva y al encontrarme tan desesperada buscando trabajo, me lancé a la aventura sin considerar mucho la comida. Al final fue una experiencia dura, pero bonita, y el tema de la comida fue más fácil de lo que pensé.

      ResponderEliminar

    Blogging tips