domingo, 17 de agosto de 2014

Una de rabas cerca de Noja


En nuestro segundo día de nuestro único finde juntos del verano (el primer día fuimos a pasarlo a Bakio y San Juan de Gaztelugatxe) optamos por una playa cántabra, pero dada la decepción del día anterior, busqué antes de irnos un restaurante que estuviera bien para celíacos. Elegí Hostería Sol por los excelentes comentarios y la variedad de platos para elegir.


Salimos de casa bastante tarde porque nos encanta dormir... Demasiado. Así que para cuando llegamos a nuestro destino ya era la hora de comer y fuimos directos a Hostería Sol, en San Miguel de Meruelo. No había mucha gente, aunque sí me fijé en que había una mesa con unos clientes con una cerveza sin gluten.


Entramos y cuando leí la carta no sabía qué elegir... Había de todo! Pizzas, comida mexicana, bocadillos, ensaladas, RABAS... rabas!! Nunca había comido rabas fuera de casa, así que no tenía ninguna duda de que pediríamos unas para compartir. Para beber, cervecita. Después elegimos una pizza cada uno (Chris la pizza tropical y yo la sbq, las dos sin gluten). Cuando ya creíamos que tendríamos que llegar al coche rodando, la cocinera nos dijo los postres. Tarta de chocolate, de limón, ... 5 postres buenísimos. Hice un hueco mental en mi estómago y me decanté por la tarta de chocolate.
Con una tripa digna de una boya de las grandes, decidimos que era hora de ir a la playa, que para eso habíamos salido de casa. No sabíamos si ir a Noja, que quedaba más cerca del restaurante, o a Laredo, que queda más cerca de Vitoria. Al final fuimos a Noja, a la playa de Trengandín y la verdad es que ya empezaba a soplar el vientecito. Claro, llegamos casi a las 5...


Buscamos el hueco estratégico donde no soplara tanto el viento y después de un rato al sol, decidimos que era hora de pegarnos el primer y único baño del verano. El agua estaba bastante buena y la playa en si no cubría nada, avanzábamos y avanzábamos y seguía sin cubrir. Cuando volvimos a la toalla el viento ya corría muy en serio y nos tapamos con las camisetas. Los demás seguro que no lo hacían por orgullo ;)
Aquí está el socorrista, que en ese momento
sería el último en enterarse de si alguien se
está ahogando, las cosas como son.

Al final nos fuimos despacito hacia Vitoria porque sabíamos que tendríamos caravana...



sábado, 16 de agosto de 2014

Bakio y San Juan de Gaztelugatxe

Después de varios meses sin tener dos días seguidos para estar juntos (Chris trabaja de lunes a sábado y yo de martes a domingo, y vivimos a 200km), por fin hemos conseguido un finde entero libre!! Sábado y domingo. Casi no me lo creo. Teníamos claro que queríamos ir a la playa, y aunque yo había pensado en pasar el finde en Asturias, la falta de tiempo para organizarnos y la necesidad de volver a casa a cuidar de Anouk, hizo que al final nos hayamos decidido por Bakio y San Juan de Gaztelugatxe, a donde tenía muchas ganas de ir con Chris, aunque yo haya estado ya mil veces.



Salimos de casa tarde, muy tarde. Tanto que llegamos a Bakio pasada la hora de comer y como no había encontrado en internet ningún restaurante con comida para celíacos, decidí "ir a la aventura", con bastante mala pata, la verdad. Los restaurantes que había, o eran muy caros para nosotros (sobre 25€ el menú), o eran de comida con alto contenido en gluten (pasta, hamburguesas, pizzas...). Ya cansada, pregunté en uno por la ensalada y los nachos (lo único aparentemente sin gluten de la carta). Me dijeron que los nachos me los podían poner pero sin carne y sin queso. No, gracias.

Con un bajón elegante, decidí que lo mejor era que Chris se cogiera una hamburguesa y yo ya me aguantaría con la bolsa de patatas fritas que habíamos llevado desde casa hasta la cena. Pero a él no le pareció bien y dijo que fuéramos a otros restaurantes que quedaban un poco más lejos a preguntar. Aunque no tenía ganas, nos acercamos y para mi sorpresa tenían un menú del día por 15€ con varios platos entre los que había chuletillas, ensaladas, paella... Menos mal! No es que me apeteciera tampoco mucho, pero es lo que había. Me pedí una ensalada y unas chuletitas, queso con membrillo y a correr.

Cuando llegamos a la playa nos tumbamos un poquito. A los 5 minutos una nube tapó Bakio y después de una mini siesta decidimos volver al coche porque hacía bastante fresco y encima se acababa el ticket del parking.


De allí fuimos a San Juan de Gaztelugatxe, uno de los puntos más bonitos de Euskadi y un imprescindible de la costa vasca. Gaztelugatxe es un islote unido al continente por un puente con dos arcos, a los que también podéis bajar a escuchar las olas. Desde allí se suelen tirar al mar cenizas de seres queridos. El coche se puede dejar arriba, pero tendréis una buena caminata tanto para llegar al puente como para llegar a lo alto de la ermita. 


Cuando lleguéis al puente tendréis delante 241 escalones que llevan a la ermita de San Juan, donde es costumbre tocar 3 veces la campana para pedir un deseo. Como curiosidad, el 29 de agosto se hace una ofrenda de flores submarina a la Virgen de Begoña, cuyo altar está en la parte baja del acantilado.


Para mi Gaztelugatxe es todo un símbolo y aunque es agotador llegar hasta allí (sobre todo si hace calor), nunca te cansas de sus vistas. De allí fuimos a casa.

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