viernes, 31 de enero de 2014

Plaza Djemaa el Fna


Otro de los lugares imprescindibles en Marrakech, y probablemente el más interesante de todos, es la plaza Djemaa el-Fna, la plaza más grande de África y Patrimonio de la Humanidad. El nombre se traduce como "lugar de aniquilación" porque en su día fue un punto donde se administraba justicia a los delincuentes, pero nada queda de todo aquello. La plaza Djemaa el-Fna es un encuentro de culturas y gentes, un lugar colorido y abarrotado de puestos y espectáculos variados. Dicen que muchos subsaharianos llegan hasta esta plaza buscando una vida nueva, sin expectativas de llegar a Europa. 

Plaza Djemaa el-Fna.

Una de las primeras cosas en que me fijé es que Djemaa el-Fna no es cuadrada. No es que piense que todas las plazas lo son, pero al principio descoloca un poco por su forma en "L", sobre todo a la hora de orientarse. Una vez sabido esto y recorrida la plaza varias veces, nos orientamos mucho mejor, ya que para llegar a nuestro hostel teníamos que meternos por una callecita y todas parecen iguales al principio.



Ningún viaje a Marrakech está completo sin la visita a esta plaza, y nosotros la visitamos todos los días que estuvimos en la ciudad, y a distintas horas del día para ver cómo va cambiando. Por orden del día, los primeros en hacer acto de presencia son los carritos con toldo de zumos de naranja, que sirven un vaso de zumo recién exprimido por 4DH, unos 30 céntimos. Ellos también son de los últimos en echar la persiana, así que vayáis cuando vayáis, allí estarán.

Probando el zumo en uno de los puestos
Tampoco faltan los vendedores de dátiles y de frutos secos. Ojo que éstos no quieren fotos a no ser que les vayas a comprar después. Por eso el vendedor de abajo está sonriendo tanto, porque me había dicho que podía sacar tantas fotos como quisiera si le compraba unos frutos secos después y le dije que sí. La verdad es que el hombre nos dio a probar un poco de todo y al final le compamos una buena cantidad de almendras garrapiñadas con semillas, que nos costaron algo así como unos 23 dirhams (unos 2€) y estaban muy buenas.

Dátiles y frutos secos

Otra de las formas de disfrutar de la plaza es subir a uno de sus cafés o restaurantes y observarla desde sus terrazas. Nosotros elegimos el café Glacier por recomendación de otros blogueros, y decidimos subir durante la puesta de sol, uno de los momentos más bonitos. En estos cafés os van a obligar a consumir algo y no va a ser precisamente lo más barato (comparado con cualquier otro bar de Marrakech) pero es toda una experiencia. Nosotros pedimos un té de menta que era lo más barato (30 dirhams si mal no recuerdo).

La plaza vista desde la terraza del Café Glacier.
Té de menta con azúcar en el café Glacier
También veréis tatuadoras de henna, muy insistentes ellas, que os irán bajando el precio aunque no suelen bajar de los 50 dirhams, y monos con los que los turistas pueden posar para sacarse su foto y llevársela de recuerdo a casa. A nosotros nos gustan mucho los monitos pero no nos gusta que se utilice a los animales y se les prive de libertad, así que no aceptamos sacarnos una foto (pagando después) con ningún animal en Marruecos. Los encantadores de serpientes también tienen su lugar en la plaza, aunque nosotros vimos los vimos de lejos porque a nada que mirabas se te acercaban a pedirte dinero (por mirar!). Ya ni te digo si te veían sacando una foto. No faltan tampoco los dentistas (el de casa parecerá luego muy profesional después de verles), los vendedores ambulantes de trabajo, los grupos gnaoua de percursión, que concentran a su alrededor decenas de personas atraídas por sus ritmos de tambores; músicos, cuentacuentos...


Y por supuesto no podían faltar los puestos de comida, ¡el alma de la plaza en cuanto empieza a anochecer! Decenas de puestitos se agolpan uno al lado del otro ofreciendo casi lo mismo cada uno de ellos, de forma que es difícil decantarse por uno de ellos y mucho menos saber cuál es el mejor. Por no decir lo complicado que es evitar a los "relaciones públicas" que harán lo que sea por que cenes en su puesto, incluso cantar himnos de fútbol o hablar de política porque son expertos en cualquier tema de opinión de una variedad de países que no podríamos imaginar. Y sobre todo, son muy buenos con los idiomas.

Brochetitas listas para asar en uno de los puestos.

Cuando te decides por uno, te sientan y te traen la carta. Los platos suelen ser muy baratitos. Por ejemplo, el pan y la salsita de tomate que te sirven nada más sentarte aunque no lo pidas, costaba 5 dirhams (unos 40 céntimos) en la mayoría de los puestos. Un platito de aceitunas, una ensalada simple o un plato de patatas fritas otros 5 dirhams cada uno. Me hizo gracia el hecho de que suelen regalar un té moruno, pero solo si le caes bien o si eres bueno, porque parece ser que a veces también te lo cobran... El resto de platos andaba por los 20-50 dirhams: couscous (que tiene gluten), tajines de verduras y carne (que por regla general no llevan), pastilla (sí lleva), harira (sopa que sí lleva) o la tangia (un guisado que no lleva gluten). De todas formas aquí escribí más sobre gastronomía marroquí para celíacos.

De izquierda a derecha: couscous, pan con tomate triturado, aceitunas, brochetas de carne y tajine y couscous.
Comiendo tajine de verduras y carne // sopa "harira" de Chris (lleva fideos) // preparando la comida
Té moruno gratis porque nos portamos bien
Otro de los puestos característicos es el de té y dulces. Allí probé el mejor té del mundo, el de jengibre, aunque me quedé con las ganas de probar esa especie de pastitas de chocolate y canela porque seguro que tenían gluten :(


Por último, Chris no me perdonaría que acabase esta entrada sin hablar de los caracoles de Djemaa el-Fna. Esos caracoles con comino picantitos que tanto le gustaron y que vendían en unos puestitos también muy peculiares. El bol grande de caracoles costaba 10 dirhams, y el pequeño 6 dirhams. Allí fuimos varias veces a comer y nos preguntamos si habrá alguna forma de ganarnos la vida con un puesto de esos en Vitoria, aunque mucho me temo que no.

Puestos de caracoles

jueves, 30 de enero de 2014

La medina y los zocos de Marrakech

La medina laberíntica de Marrakech y sus zocos merecen una o varias visitas y por supuesto, un apartado especial en el blog porque seguramente haya pocos lugares tan caóticos, coloridos, apasionantes y encantadores como éste. De pronto caminas solo por una callejuela y al final de ésta sales a una calle llena de vendedores, curiosos, carros de dulces, motos, furgonetas, gatos, especias y artesanía. Allí escuchamos a un turista decir "qué asco, está todo sucio, no lo soporto" mientras corría solo. Bueno, no sabemos cuál había sido su experiencia por las calles de la medina pero a mí no me pareció que estuviera sucio. Quiero decir, no es un lugar en el que me rebozaría por el suelo pero no había basura. 
Haciendo amistad con un gatito de la medina. 
Lo que sí se le puede recriminar es en lo que se convierte aquello cuando llueve porque sí, allí llueve, y sí, puede llover muchísimo e imaginad en qué se puede convertir un laberinto no precisamente llano que no tiene alcantarillado. Básicamente en una piscina a lo grande de la que es imposible escapar seco. Y claro, ese agua no va a estar limpia... En resumen: una cochinada. Supongo que lo bueno de tostarse en verano será que no te encuentras con la medina inundada.


Por lo demás, la medina es un lugar mágico. Es como si se hubiera detenido en tiempo, o como si entraras en un parque temático bien decorado. Desde sus tienditas de dulces, frutos secos, olivas, especias... Hasta las tiendas de cuero, cerámica o alfombras. De hecho, es posible que os inviten a ver unas alfombras. Está claro que lo que quieren en estos casos es que compréis la alfombra, pero merece la pena dejarse llevar un poquito por éstos vendedores, muchos de los cuales hablan muy bien español. 


Nosotros decidimos decir que sí a uno de ellos después de insistirnos varias veces y después de recorrer un pasillo llegamos a un patio donde había varias personas trabajando con alfombras. Allí el hombre nos explicó que las alfombras son un bien muy preciado para los marroquíes y que cuanto más viejas son, más valor tienen. Nos enseñó varias alfombras y nos contó de dónde se obtenía el colorante que se utilizaba. Hasta nos demostró que las alfombras de seda no arden. Después nos dijo que si queríamos una (¿pensaría Ryanair que nuestra maleta seguía pesando menos de 10kg con una de aquellas alfombras? No creo). Nos reímos bastante cuando nos dijo que eran casi gratis: solo 180€. Yo no soy muy sabia en lo que alfombras y precios se refiere, pero si sabía lo que tenía en cuenta y 180€ no era casi gratis ni por asomo. Luego le dijimos que éramos estudiantes y nos lo rebajó a 90€. Pero no la compramos. Quizá en otra ocasión...


Otro puesto en el que me dejé llevar como celíaca fue en el de las aceitunas (porque no podía mirar el de los dulces). Allí tenían olivas de varios colores y encurtidos de todo tipo, y acabamos comprando un botecito con la correspondiente sorpresa al probar la primera aceituna, que no sabía a nada de lo que habíamos probado aquí. No estaba muy buena, la verdad. Aunque después de comer varias nos acostumbramos al sabor. Esto es algo que me ha pasado en otros países: me ha acabado encantando algo que en un principio no me había gustado. 


Las especias, que se presentan en los zocos en forma de cono tampoco tienen desperdicio. Lo que no pude comprobar es que todas esas especias fueran sin gluten, porque como ya se sabe, las especias que no están envasadas pueden estar fácilmente contaminadas. De hecho el curry (una de mis favoritas), puede llevar gluten y habría que remitirse al etiquetado, algo difícil en un zoco.


Otra de las anécdotas que recordaremos fue cuando aceptamos acompañar a otro chico a su tienda, esta vez para oler las especias. Allí nos abrieron tropecientos mil botes que fuimos abriendo y oliendo. Nos explicó de dónde venían algunas especias y finalmente le compramos algunos sobrecitos (Chris quería un curry bien picante) en agradecimiento a todas sus explicaciones, y nos fuimos de allí con los primeros regalos para casa. Es verdad que mucha gente rechaza los ofrecimientos de los vendedores por desconfianza pero nosotros decidimos dejarnos llevar un poco y fue una experiencia bonita.



Continúa en Plaza Djema el Fna

El Palacio Bahía y Tumbas Saadíes

El Palacio Bahía y las 170 Tumbas Sadíes son dos de los lugares que no se pueden dejar de visitar en cualquier visita a Marrakech que se precie (al menos en la primera). Para nosotros de hecho fueron los dos primeros lugares que vimos después de dejar las maletas en el hostel y habernos hecho con un mapa más o menos apañado (nos dijo un catalán en el hostel que en Marrakech "no hay mapa que valga, al menos para la Medina"). Bien, yo necesitaba un mapa conmigo por mucho que un mapa no sirviera de mucho por aquellos lares. Al menos una orientación "norte-sur-este-oeste, nuestro hostel está aquí, la Koutoubia aquí y la plaza Djema el Fna" aquí. 

Entrada al Palacio Bahía.
Sorprendentemente, fue muy fácil llegar de nuestro hostel a la plaza Djema el Fna, y de allí al Palacio Bahía. Sin el mapa no hubiéramos llegado a no ser que hubiéramos preguntado (y pagado) a estos "guías locales" al acecho de turistas desorientados. Así que sí, el mapa SÍ es útil en algunos casos. La foto de arriba es la entrada al Palacio Bahía. Así visto desde fuera no parece gran cosa, pero esa es una de las gracias de Marrakech: es difícil imaginarse lo que hay detrás de cada puerta. La entrada al Palacio cuesta 10DH, o 1€ y queda a unos 5 o 10 minutos andando hacia el sur desde la plaza Djema el Fna.

Chris alimentando a los gatos con un jamón que después echaríamos de menos.
Queremos pensar que estos gatos no eran musulmanes también, porque se lo comían
como si no hubiera mañana.
Una de las primeras cosas que nos sorprendió al llegar a Marrakech y corroboramos al entrar al Palacio Bahía es que Marruecos está lleno de gatos. Por todas partes. Y se respetan. Eso sí, también nos sorprendió que en proporción había poquísimos perros. Según el guía bereber que nos tocaría en la excursión a Merzouga unos días más tarde, el motivo por el que hay pocos perros es porque para los marroquíes los perritos son considerados animales impuros: si tocas a uno tienes que lavarte antes de rezar, donde hay un perro los ángeles no entran... y por tanto no tienen costumbre de criarlos y de tenerlos en casa.  A lo que iba: había muchos, muchos gatos y a Chris y a mi nos pierden los animales, así que estuvimos un rato con una "colonia" de gatitos confiados del palacio. Tan confiados que me tuve que esconder para comer porque habían llegado al punto de saltar a por mi bocadillo.


Después de ese primer contacto con la fauna marroquí, continuamos la visita por el Palacio Bahía, un ejemplo perfecto del trabajo durante 14 años de los mejores artesanos del país. Este palacio fue construido en 1860 por el gran visir Ahmed Ben Musa, aunque el aspecto de hoy se le debe a Abu Bou Ahmed. El palacio tiene techos, paredes y suelos adornados con distintos tallados de madera, vidrieras y azulejos y pasear por él es un lujo, sobre todo si no está lleno de turistas y puedes disfrutar de las salas.


A mi me sorprendió el detalle con el que estaban realizados todos los grabados y el colorido, en tonos tierra en unas salas, y en tonos azules en otras. Para visitar el palacio no es necesario pasar mucho tiempo, sobre todo porque no hay posibilidad de hacer una visita guiada (a menos no de forma oficial, aunque qué no se puede conseguir en Marruecos con dinero). El palacio es mediano, yo diría que el tiempo ideal para visitarlo es de una hora, suficiente para ver todas las salas y patios y detenerse para apreciarlo con tranquilidad, pero sin llegar a aburrirse.


Chris y yo estuvimos recorriéndolo de arriba a abajo varias veces, algunas para pararnos en los detalles que nos habíamos perdido y otras para sacar fotos y más fotos, que el lugar lo valía! Además tuvimos mucha suerte porque era temporada baja y había muy poquita gente visitándolo, pero supongo que en verano será un agobio entre la gente y el calor.






PALACIO BAHÍA

  • Entrada: 10 dirhams o 1€.
  • Página webhttp://www.palais-bahia.com/
  • Horario: todos los días de 8:30 a 11:45 y de 14:30 a 17:45, salvo viernes de 8:30 a 11:30 y de 15:00 a 17:45.
  • Tiempo recomendado visita: 2 horas.
Después de ver el Palacio Bahía fuimos a las 170 Tumbas Saadíes, un mausoleo que el sultán Ahmed el Mansour mandó construir en el s. XVI para descansar eternamente. Él y su familia, soldados, sirvientes... ya que para todos ellos se construyeron también tumbas en el recinto adyacente al mausoleo. El lugar fue descubierto en 1917 y ha sido restaurado por los servicios de Bellas Artes.


El mausoleo, que alberga los cuerpos de la familia de Ahmed el Mansour, tiene 3 habitaciones y de todas ellas destaca la de las 12 columnas, ya que en ella están enterrados los hijos del sultán. En ella se pueden encontrar tallados en cedro y en estuco,y mármol de Carrara. En las tumbas del jardín descansan los sirvientes y soldados, y cada una está cubierta por un gran azulejo de diseño geométrico en colores ocre, azul marino, blanco y turquesa.



Chris y yo necesitamos la ayuda de un chico jovencito para llegar hasta aquí, porque estaban un poco escondidas, aunque se accede desde una plaza muy peculiar y no muy turística. Le dedicamos poco más de media hora porque se visita enseguida (es más pequeño que el Palacio Bahía).


170 TUMBAS SAADIES

  • Entrada: 10 dirhams o 1€. 
  • Horario: todos los días de 9:00 a 16:45.
  • Tiempo recomendado visita: media hora.


Nuestro hostel en Marrakech: Equity Point

Cuando planeamos el viaje a Marruecos, decidimos abaratar los costes todo lo posible, así que buscamos un hostel donde pasar las dos primeras noches en Marrakech. Equity Point me pareció desde el principio una opción muy buena: estaba en la medina, cerca de la plaza Djema el Fna y ofrecían excursiones al desierto, que es lo que queríamos hacer del tercer al quinto día. Además, la noche en habitación compartida costaba 12€, que no es ningún chollo para ser Marrakech, pero lo cierto es que el hostel estaba fenomenal, así que reservamos para esas dos primeras noches.

Llegada a Equity Point
Eso sí, llegar hasta él no fue tan bonito: ¡aquello estaba en un laberinto de calles! Así que por supuesto, tuvimos que pagar a un local para que nos llevara hasta allí. Menudo mérito tienen para no perderse por esas callejuelas, todas iguales. Nos sentíamos como ratoncillos jugando a buscar la salida, pero buscando el hostel, ese al que era tan sencillo de llegar desde la plaza Djema el Fna y tan difícil desde el lugar en el que nos dejó el taxista que nos trajo desde el aeropuerto (el mismo que no tenía cambios).



Por suerte, después de girar varias veces a la izquierda, otras varias a la derecha, pasar debajo de varios arcos y dar largas a varios vendedores, nuestro "guía por la medina" nos dejó frente a un portón junto al que había un cartelito que leía "Equity Point". Agradecí haber confiado en aquel chico porque nosotros solos no hubiéramos llegado jamás. 


Entramos a la recepción y nos pareció muy chiquitín, hasta que salimos a un patio, y luego otro patio... ¿Cómo podía haber algo tan grande detrás de una puerta tan, tan difícil de encontrar? El hostel , que era en realidad un riad habilitado como tal, estaba muy cuidado, muy limpito y muy bien decorado. No había casi gente, pero claro, era enero.


Nosotros nos alojamos en habitaciones de cuatro camas equipadas con lo básico: taquillas, mantas, enchufes y baño. Eran pequeñitas pero daban a un patio precioso con piscina. Desde luego no parecía un hostel en absoluto, por mucho que después nuestra habitación tuviera cuatro camas y tuviéramos que compartir espacio con otros viajeros (algo que siempre me ha gustado). También había habitaciones dobles, pero más caras claro.

Patio al que daba nuestra habitación
Después subimos al tejado. Allí si que no había nadie, aunque en verano debe de estar bastante animado porque había hasta solarium y mesitas donde comer. Un buen lugar para desconectar del bullicio de los zocos y para descansar después de un día caluroso, aunque nosotros no fue precisamente calor lo que pasamos...



Si hay algo imprescindible que hacer en Marrakech y que no lo dicen las guías, es ver la ciudad desde uno de sus tejados. Desde el tejado de Equity Point se veía Marrakech en 360º, incluida la Koutoubia... 

Vistas de Marrakech
A la mañana siguiente fuimos a desayunar, ya que estaba incluido en el precio. ¡Y menos mal que me había llevado mis magdalenas! Todo lo que había para desayunar era té, leche, zumo de naranja, mermelada, una especie de crepes (rghaif) y huevos duros sobre tostadas con tomate. La verdad es que no me dediqué a preguntar si en los hostels iban a tener productos sin gluten porque ya sabía que iba a ser muy, muy complicado.
Desayuno en Equity Point. Nota: el huevo con tostada no era para mi, 
eso tenía gluten por arriba y por abajo ;)

¡Nos vamos a Marruecos!

¡¡Por fin!! Cuánto tiempo buscando el momento para ir a Marruecos, un país al que llevaba tiempo queriendo ir, por un lado por lo barato que resulta (el vuelo nos salió tirado de precio con Ryanair y allí gastamos poquísimo) y por otro lado porque me parecía tan distinto y tan exótico a pesar de estar tan cerquita de casa. Eso sí, el viaje estuvo a punto de cancelarse por muchos motivos, como la dificultad de obtener el visado de Chris, por ejemplo, que apunto estuvo de dejarnos en tierra. Pero por fin el 28 de enero nos pusimos en marcha. Yo salí desde Vitoria en tren hacia Palencia, allí recogí a Chris, dimos unos mimitos necesarios a Mimi y Tom, y nos montamos en un bus directo a Barajas.

En el tren a Palencia

Aunque llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra (para evitar lo que nos pasó en el anterior viaje a París), nos pusimos muy pronto en la cola de embarque porque no habíamos pagado el suplemento para escoger asiento y si no seguramente no nos podríamos sentar juntos y lo mismo no nos entraban las maletas en los compartimentos superiores y nos las llevaban a la bodega, cosa que no nos apetecía.

Los pasaportes.
Cuando por fin llegó la hora de embarcar vimos como aquello de que en Ryanair son unos estirados con el tema de las maletas estaba cambiando. Entraron en cabina maletones que bien podrían llevar dentro medio salón. De esos que no había forma ni manera de que entraran en la bandeja que pone la compañía aérea para comprobar si el equipaje cumple las medidas. Y por supuesto de 10kg como máximo ni hablar... Sea como sea, con maletitas como las nuestras y maletones como los de otros, conseguimos entrar pronto al avión y coger nuestros asientos. ¡Primera vez que cogemos un avión juntos! 


En cuanto me monté cogí la revistita de Ryanair (la hoja de indicaciones de seguridad no la voy a recordar si pasa algo aunque la lea 162172 veces) y me llamó la atención que en el apartado de comida que se vendía a bordo venía indicado si era sin gluten, si tenía frutos secos.... No es que hubiera mucho para elegir para celíacos, pero menos es nada: patatas fritas, sopas instantánteas, ketchup y mayonesa, cacahuetes, aceitunas, barrita de salchichón, patatas de bolsa, tortitas de arroz, M&M y barritas de chocolate (Snickers y Galaxy King). Nosotros llevábamos cositas para picar así que no tuvimos que comprar nada, que precisamente las cosas que se compran a bordo de un avión no son baratas.

Dentro del avión, ¡sorpresa! Las cositas sin gluten están marcadas en la revista de Ryanair.

El vuelo duró unas dos horas y algo, y fue una pasada ver el cambio de paisaje en tan poco tiempo. La foto de abajo a la izquierda la saqué saliendo de España, y la de la derecha justo entrando en Marruecos, mucho más árido.

España - Marruecos
Cuando llegamos al aeropuerto de Menara y nos bajamos del avión no nos lo creíamos: 25º en enero... Sí, otro de los motivos de haber elegido Marruecos era porque buscábamos algo más cálido que el París invernal que habíamos encontrado dos meses antes. Pero bueno, sabíamos que el tiempo iba a ser más templado pero no como para ir en camiseta. Eso sí, lo que no sabíamos es que íbamos a pasar mucho frío unos días más tarde de camino a Merzouga. Pero que mucho frío. En cuanto al aeropuerto de Marrakech, éste no es muy grande aunque sí bastante moderno. Tiene alguna cafetería y tiendas, pero no encontré nada que me diera confianza para comer.

Aeropuerto de Menara
Cuando salimos del aeropuerto fuimos a la parada de autobús (siempre intentamos utilizar el transporte público). El autobús cuesta 20DH (unos 2€) y te lleva hasta la plaza Djema El Fna (o casi). Por supuesto, unos cuantos taxistas se acercaron rápidamente y nos acabaron convenciendo de que cogiéramos el taxi porque nos llevarían hasta el hostel. Le dejamos el mapa y nos dijeron que nos dejarían lo más cerca posible (nuestro hostel estaba en la medina). Acordamos pagarle 80DH. Y al llegar a nuestro destino ya empezamos con los timos: como había sacado dinero del cajero en el aeropuerto, solo tenía billetes grandes y cuando le di uno de 100DH esperando los cambios me dijo que no tenía cambios. ¡Qué mosqueo nada más llegar! Yo pensaba que estaba espabilada después de Camboya pero qué va. Me la habían colado en la primera oportunidad. Marruecos 1 - Patricia 0.

Esperando al bus que se convirtió en taxi.
Pero ahí no se acababa la cosa. El punto donde nos dejó el taxi estaría cerca del hostel, pero el acceso era laberíntico y no había mapas. Dependíamos de alguien local que nos llevara, y por supuesto, no lo iban a hacer gratis. Se nos acercaron varios a ofrecernos su "hospitalidad". Como ya venía rebotada del taxi sin cambios, cuando me pidió 20DH por acercarme hasta el hostel, le dije que no, que o lo hacía por 10DH o nada, y que yo en mi ciudad lo hacía sin esperar nada a cambio. Había leído que se podía regatear hasta 10DH y así fue, él aceptó por 10DH. 

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