jueves, 30 de septiembre de 2010

Bur Dubai y Deira

Después de muchos rascacielos, algunos centros comerciales, carreteras y metro, llegué a la parte más antigua de la ciudad de Dubai, conocida como Deira. Ahora han construido un montón de paradas de metro que la hacen más accesible, pero cuando yo estuve solo había una parada de metro allí, y era necesario andar bastante para llegar a los sitios más interesantes. Por cierto, siento las fotos tan terribles de Dubai :( con el calor no anduve muy acertada.

¿Quién será este hombre?

Lo que no me imaginaba era que iba a tener un guía personal durante el resto del día. Todo comenzó cuando empecé a mirar un mapa a la salida del metro rodeada de hombres vestidos con el thawb. Allí me interrumpió un chico joven para preguntarme si sabía ir (¿yo?) a no se qué sitio... Y le dije que no, que ni idea, que acababa de llegar. Entonces él me dijo que también acababa de llegar, y que no conocía muy bien Dubai pero que me podía acompañar por la parte antigua. Se presentó como Ahmad, de profesión enfermero y de Jordania.

Deira y abras

No me dio mala sensación, y además estaba perdidísima, así que acepté la propuesta de que me acompañara a visitar la ciudad vieja y os puedo adelantar que no me arrepentí en absoluto. Fue una suerte haberle encontrado porque me mostró un montón de sitios a los que de otra forma no había podido llegar.

Cruzando la ría de Dubai

Primero me invitó a cruzar Dubai Creek, el río que separa Deira de Bur Dubai, otro distrito de la ciudad donde es posible caminar entre mezquitas y museos. Para cruzar lo más conveniente es coger un water taxi, que en pocos minutos alcanza la otra orilla, aunque la opción más económica es el abra (foto de la izquierda). Ahmad pagó por mi (el billete de ida y vuelta cuesta unos 4 dirhams, 1€).

Al Bastakiya

Ya en Bur Dubai lo primero que hicimos fue visitar Al Bastakiya, una de las zonas más antiguas de Dubái en la que se puede respirar la atmósfera tradicional emiratí, que nada tiene que ver con lo que hoy se ha convertido. Al Bastakiya es en sí un conjunto de casas antiguas de ricos y mercaderes con patios interiores que han sido reformadas y conservan todo su esplendor. Si os fijáis en la foto superior, tiene un aspecto un tanto extraño con esa especie de "palitos" que salen de la parte superior de la casa. Son captadores de viento, un sistema curioso para captar el viento y refrescar las casas.


Hoy en día las casas de Al Bastakiya acogen galerías de arte, cafés y tiendas, lo que la convierten en un lugar muy agradable para pasear y respirar algo tradicional. 

Al Bastakiya
Ahmad me enseñó Al Bastakiya con un inglés muy muy decente, y me fue sacando fotos "para que tuviera un recuerdo para siempre", porque le dije que yo no quería comprar ningún souvenir. A estas alturas, ya pasado el mediodía, el calor era bastante insoportable, así que entramos en un café y me volvió a invitar a tomar un zumo y después a una sisha... Yo no me quería dejar invitar, pero insistió... Ya se sabe que hay algunos lugares del mundo en los que es de mala educación no dejarse invitar.


En una café en Bur Dubai

Volvimos a salir para visitar el Museo de Dubai. Allí estuve un rato sola porque Ahmad se fue a hacer un recado. En ese momento no había nadie en el museo, así que el director de éste, Arshad Khan, vino a hablar conmigo. Al final me llevó al despacho principal donde estuvimos hablando sobre cómo había llegado yo a Dubai y me comentó que el tenía algún puesto que no recuerdo en la dirección turística de Dubai. Hablamos sobre las diferencias culturales entre los países europeos y los árabes, y me invitó a té y dátiles. Después llego Ahmad y fuimos a visitar el museo mientras me hablaba del Islam y desmentía algunas creencias que todos tenemos sobre esta religión. Me explicó por ejemplo, porqué las mujeres llevan la abaya negra y los hombres el thawb blanco. Le pregunté especialmente porqué llevaban prendas tan largas con el calor que hacía, y me dijo que es la indumentaria tradicional del desierto ya que aísla del calor.



De allí fuimos a la casa Sheikh Saaed Al Maktoum, el mejor ejemplo de arquitectura arábica del XIX. Esta casa fue residencia del emir Sheikh Mohammed bin Rashid Al Maktoum, que gobernó Dubai desde 1912 hasta 1958, casi nada... Se encuentra totalmente restaurada y en ella se pueden ver techos abovedados, puertas de herradura, ventanas talladas y otros elementos que definen el estilo arábigo.  En las muchísimas habitaciones se exponen fotografías, instrumentos marítimos, monedas, sellos, documentos... Me gustó más que el propio Museo de Dubai.

Sheikh Saaed Al Maktoum House
Después de ver la casa de Sheikh Saaed mis pies no podían más... mala idea fue la de ir a recorrer una ciudad tan grande y tan calurosa con unas bailarinas baratas. Así que nos tuvimos que sentar nuevamente a descansar.

¡Las bailarinas me están matando!
Deira vista desde Bur Dubai

Poco después volvimos a cruzar el Dubai Creek, aunque esta vez en un abra, que tenían una frecuencia mucho más amplia y ya no era tan necesario el aire acondicionado del water bus. La noche ya estaba empezando en Dubai (por suerte) y las temperaturas bajaron un poco. Seguía haciendo mucho calor, pero ya habría unos 37º. 

Abras en la ría de Dubai, la forma más barata de cruzar
De nuevo en Deira, Ahmad insistió en que le acompañara al zoco, y aunque mis pies me pedían parar, decidí acompañarle. Allí entramos primeramente en una tienda de perfumes. Me dijo que quería comprarle uno a su madre, y que le ayudara a elegir. El dependiente nos estuvo mostrando todos los perfumes, explicándonos cómo se elaboraba cada uno y para qué eran más indicados. Probamos varios hasta que escogí uno. Entonces lo compró, y me lo regaló. Yo no sabía qué decir... no me había imaginado que en realidad lo que quería era regalarme uno y no escoger uno para su madre...


Sin saber cómo agradecerle tanta hospitalidad (los billetes para cruzar el Dubai Creek, los zumos y la sisha, el perfume...), le seguí acompañando por el zoco, un conjunto de callecitas estrechas en las que se agolpaban puestos de especias, de indumentaria típica y... ¡oro!. Había muchísimos puestos de venta de joyería, toda de oro. 


Visitado el zoco me despedí de él. No fue fácil, porque él pensaba que al invitarme ya me había conquistado y me iba a quedar en Dubai, pero obviamente para mi había sido un acto de tremenda hospitalidad que agradecí siempre, y además tenía un vuelo al día siguiente a Nueva Zelanda que no quería perder, la verdad. Así que me acompañó hasta la boca de metro y allí nos despedimos, aunque me dijo que al acabar el viaje por Oceanía podríamos ir a Egipto.... Me dio mucha pena saber que no iba a poder ser, y tampoco me gustaba mucho el plan, pero en ese día, el primero de mi vida fuera de Europa y sola, aprendí que en el mundo puede que haya gente mala, pero que hay que estar abierto para aprender y conocer sin juzgar, porque muchas veces las sorpresas que nos llevamos son tan bonitas que no merece la pena dejar de vivirlas por los prejuicios y el miedo. Desde entonces confío mucho más en la gente cuando viajo y no he tenido ninguna experiencia negativa.

Volví al aeropuerto, cansada, acalorada, agotada, sudada... y feliz de haber conocido una ciudad que no me interesaba demasiado pero donde, a pesar de la artificialidad que la caracteriza, conocí la hospitalidad más desinteresada. Me tocó volver a dormir en el saco y en suelo, pero esta vez me entró el sueño bien pronto y conseguí dormir casi hasta la hora de embarcar.



El Dubai moderno

Antes de empezar mi viaje por las antípodas, decidí coger un vuelo que hacía una escala de un par de noches y un día en Dubai para poder ver la ciudad aunque fuera muy por encima. No es que los Emiratos Árabes fueran una de las partes del mundo que más me apetecía ver, pero tenía que hacer escala allí, y qué mejor que aprovecharla para hacerme una idea de lo que era aquella macro urbe, esa lujosa ciudad en la que pakistaníes e indios viven en condiciones infrahumanas para construir rascacielos para grandes corporaciones y emires.... Pero bueno, yo fui abierta a todo lo que había para ver allí -que por cierto, no es poco-.


Bueno, esta foto es del vuelo de vuelta...

Volé con Emirates, una de las compañías más seguras y recomendadas del mundo, y puedo confirmar que así es. Teníamos pantalla individual táctil para ver series, películas, documentales sobre Dubai, juegos... Y me sirvieron un menú sin gluten que no tuvo nada que envidiar al menú con gluten, con su botellita de vino (pequeña, pero ahí estaba). Desde el cielo se podía ver aquel proyecto de las 300 islas artificiales formando un mapamundi. Afortunadamente este proyecto absurdo que solo se le puede ocurrir a alguien con mucho dinero o mucha ambición de dinero, quedó paralizado. Digo absurdo por el daño que han causado en el fondo marino por un capricho humano, como tantos otros... Ahora mismo solo hay una habitada y dicen que el resto se van hundiendo poco a poco.

A dormir en el aeropuerto!
El avión aterrizó en Dubai el 29 de septiembre y como no quería gastar dinero en hoteles, decidí quedarme a dormir en el aeropuerto, así que recogí mi equipaje, saqué el saco de dormir y lo planté en una zona de la terminal que no estaba tan iluminada. Me tumbé en el suelo y allí pasé la noche sin dormir apenas pensando en todo lo que me esperaba los próximos tres meses (un día en Dubai, cinco semanas en Nueva Zelanda, cuatro en Australia y dos en Fiji). Era la primera vez que viajaba tan lejos sola (y acompañada) y tenía una sensación de libertad que no se puede explicar fácilmente.

Desde el metro

A la mañana siguiente me desperté a las 6 con ganas de salir a descubrir los lugares más curiosos de Dubai. Dejé la mochila grande en la consigna y me llevé una pequeñita con lo básico para pasar el día. Desayuné unas galletas que llevaba y fui directa a la estación de metro del aeropuerto. Y allí, antes de entrar a la estación, descubrí lo que era Dubai en casi verano: calor. No fue durante mucho tiempo, solo un metro de distancia que separaba el aire acondicionado del aeropuerto del aire acondicionado del metro, pero os aseguro que fue impactante. ¿Cuántos grados podía haber a las 7 de la mañana?

Metro dirección... Rashidiya
A pesar de tener más de 70km de largo, Dubai solo tiene una línea de metro que va perpendicular a la línea de costa. Y también perpendicular a una autopista entre la costa y el metro, que hace que bajar del metro para ir a la playa sea un pequeño infierno por la cantidad de carreteras y solares vacíos que hay que cruzar, eso sin tener en cuenta el calor aplastante que puede hacer en verano. No, yo no conseguí llegar a la playa :(.

El famoso hotel Burj Al Arab visto desde una estación de metro

Me bajé en una de las últimas paradas para ver el distrito de Dubai Marina, cerca de la palmera Jumeirah y una de las zonas más agradables de la ciudad por ser perfecta para pasear (luego os digo porqué hay otras que no). Está llena de rascacielos con miles de apartamentos y oficinas, varios puertos deportivos y un centro comercial. Muy artificial, pero cómoda para vivir al estilo dubaití. Allí me tuve que refugiar en un Starbucks para beber agua y descansar bajo el aire acondicionado porque el calor que hacía era muy difícil de soportar. De hecho, creo recordar que solo vi a un par de personas andando por la calle, ¡parecía una ciudad fantasma!

Dubai Marina
Volví a coger oxígeno y fuerzas para salir de nuevo al calor... Todavía no eran las 9 y los termómetros ya marcaban los 42º... y ese día llegarían a los 47º. Y yo valiente andando por la calle porque no sabía que los taxis eran baratísimos... Llegué de nuevo a la estación del tren y deshice el camino para bajarme en Mall of the Emirates. No estaba en mis planes, pero el calor pudo conmigo y decidí que sería interesante ver la pista de esquí artificial que tenían allí montada. Parecía que habían sacado un trocito de los Alpes y lo habían plantado en el golfo pérsico: toboganes de nieve, restaurantes con temática alpina con chimeneas (chimeneas! 42º fuera!) y un montón de gente con tablas de snow y esquíes con su correspondiente atuendo.

Mall of the Emirates
No pasé mucho tiempo allí porque no tenía mucho interés en hacer compras, y además los precios eran mucho más elevados que en España -mismas tiendas, misma ropa, más caro-. De allí volví volando, sudando, sedienta, al metro otra vez. Cabe decir que el metro era muy barato. Esta vez me bajé en Dubai Mall, otro centro comercial. ¡Sí, otro más! Pero es que éste estaba al lado del rascacielos más alto del mundo, Burj Khalifa, con nada menos que 828 metros de altura.

Aquí fue donde me percaté de que a pesar del lujo que se respira en muchos rincones de Dubai, el solar de al lado puede estar abandonado, sucio, lleno de arena y sin aceras, lo que hace que muchas veces para ir de un lugar lujoso a otro, tengas que andar por carreteras. Por eso digo que Dubai Marina era agradable para caminar, porque había aceras. Dubai está pensada para recorrerla en coche, así que los peatones quedan en segundo plano y eso se nota en la calidad y cantidad de las aceras. A mi, que me encanta patear y patear en cada sitio que voy se me hizo un poco incómodo.

¿Dubai Mall o Mall of the Emirates?
A veces ocurre que un emiratí posa ante un
puesto de palomitas y te pide que le saques una foto

Dubai Mall, el centro comercial más grande del mundo (aquí todo es a lo grande) acoge una pista de hielo gigante y un acuario que cuenta con una de las "peceras" más grandes del mundo. Para verla no hace falta entrar, se puede ver desde fuera. ¿Os imagináis que un día se rompe? Pues un día ya se dieron un susto. También había un McDonalds, donde comí...una ensalada, no había más.

Dubai Mall

De allí salí de nuevo para ver el Burj Khalifa, que como ya he dicho antes, es el edificio más alto del mundo. Se había inaugurado solo 10 meses antes de que yo estuviera, y quizá por eso todos los alrededores estaban desérticos.

Rascacielos Burj Khalifa - no entraba-
La fuente del Burj Khalifa
De allí decidí ir a la parte antigua de la ciudad, porque al fin y al cabo lo mío no es la ostentación y lo artificial, me apetecía ver el Dubai de verdad, el antiguo. Si es que existía, porque ya tenía mis dudas... 

martes, 21 de septiembre de 2010

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