domingo, 8 de febrero de 2015

DIARIO DE VIAJE:: Italia en 12 días



INTRODUCCIÓN AL VIAJE

Italia... cuánto tiempo buscando el momento para ir. Pero no un fin de semana en una ciudad, yo quería ir y visitar varios sitios del tirón. Necesitaría muchos días (meses) para ver todo lo que quiero ver allí, pero Chris cogió vacaciones entre enero y febrero, y a mi la fecha me venía fenomenal porque es cuando menos trabajo en la oficina. Barajamos varios destinos que tenían que cumplir varios requisitos: tener cosas suficientes para ver en 12 días, que no hubiéramos estado antes ninguno de los dos, que nos saliese más o menos barato y que no estuviese demasiado lejos. En un principio pensamos en Italia, Portugal y Turquía. Al final los dos nos decidimos por Italia.

Organizar el viaje fue un proceso laaargo. Como siempre, lo quería todo: bueno, bonito, céntrico y barato :) Claro, qué lista, pues habría que sacrificar algo. El alojamiento que veía por lo que estaba dispuesta a pagar era cutre, no nos vamos a engañar. Pero después de horas pegando la nariz a la pantalla del ordenador ojeando hoteles, apartamentos, hostales... en Airbnb, en Trivago, en Skyscanner, en Hostelworld... encontré lugares pequeñitos, céntricos y bastante decentes. O al menos eso pensaba. Los trenes fueron increíblemente baratos, sobre todo el de Venecia a Roma por ...¡9€! Ejem... claro que tuvimos un problemita. Y los vuelos por 80€ (de los cuales los impresentables de eDreams se cobraron 40€ en gastos de gestión. Nota mental: no volver a comprar en eDreams nada.

ITINERARIO




Aquí os dejo el itinerario día a día con enlaces a las entradas en el blog:

Día 1: Santander-Romabus desde Vitoria a Santander y vuelo a Roma. Como llegamos ya de noche no vimos prácticamente, cenamos rápido en un McDonalds y dormimos en el albergue Yellow Hostel.



Día 2: Sienatren de Roma a Siena. Visitamos la Piazza de Campo, el Palazzo Publico y la catedral entre otros sitios, volviendo a la época medieval. Cenamos en Gallo Nero y dormimos en Casa di Antonella.




Día 3: Pisatren mañanero de Siena a Pisa. Llegamos al hotelito Mazzini 16, dejamos corriendo nuestras cosas y salimos a ver la Piazza dei Miracoli donde está la torre inclinada. Aprovechamos para ver además algunas plazas y el paseo que discurre a lo largo del río Arno. Cenamos unas pizzas en Pizza Magica.



Días 4-5: Florencia: nos bajamos del tren con una lluvia que nos acompañaría durante los dos días que estaríamos en Florencia. Vimos la catedral de Santa Maria dei Fiori y el Ponte Vecchio, paseamos por la galería Uffizi, probé un auténtico helado italiano en Grom... Comimos en Pizzería La Luna y en Panino Vegano. Nos alojamos en un apartamento cerca del río Arno y de la estación de tren.



Día 6-8: Veneciade Florencia a Venecia en tren. Llegamos a Venecia al mediodía y visitamos la ciudad, que está en Carnaval. Dormimos en el hotel San Geremia en habitación doble. También cogimos un vaporetto para ver la colorida isla de Burano. El último día en Venecia cogimos el tren a Roma, con muy mala pata.




Día 9-11: Romatres días visitando los lugares más interesantes de Roma: Foro Romano, Coliseo, la Boca de la Verdad, la Fontana di Trevi (que pillamos en obras), la Piazza Navona, el castello de Sant Angelo... Y por supuesto el Vaticano. Aprovechamos para probar algunos clásicos de la gastronomía italiana como tiramisú, helado, pizza calzone, pasta o lasagna, y dormimos en un apartamento de Airbnb en la zona de Basilica San Paolo.



Día 12: Roma-vuelta a casapasamos el día visitando Roma y al mediodía cogemos el vuelo hasta Santander. Vuelta a casa en bus.






COMER SIN GLUTEN

Comer sin gluten en Italia fue un lujo... Si digo que Italia está entre los mejores países para celíacos, creo que no me equivoco: casi todo los restaurantes saben qué es un celíaco, muchos disponen además de opciones en su carta, algunas grandes cadenas ya disponen de productos sin gluten, es fácil encontrar comida apta en el supermercado, la asociación funciona a las mil maravillas... En fin, un paraíso para los celíacos.

Resumen de un viaje sin gluten por Italia

Yo utilicé principalmente la app de AIC para buscar restaurantes en el mapa (se puede consultar online o a través de la aplicación de móvil; es gratuita pero hay que registrarse), aunque también leí las recomendaciones de otros blogs, así que casi antes de ir ya tenía decidido a qué restaurantes podíamos ir y cuáles no nos podíamos perder por nada del mundo. En todas las ciudades encontramos muchas opciones, aunque sí que es verdad que muchos sitios estaban cerrados al ser temporada baja y nos llevamos algún chasco, pero por lo demás, todos los sitios que visitamos nos dieron mucha seguridad y confianza.



Podéis leer nuestra experiencia en McDonalds (Roma - para sacarnos de un apuro), Gallo Nero (Siena), La Pizza Magica y Il Prosciuttaio (Pisa), Panino Vegano, Pizzeria La Luna, Starbene y Grom (Florencia), Osteria All'Ombra, Mea Libera Tutti y Oke Zattere (Venecia), y Mama Eat, Voglia di Pizza, Sans de Blé y Pompi (Roma). Nuestros favoritos fueron: Mama Eat, Voglia di Pizza, Sans de Blé, Pizzeria La Luna y Panino Vegano.

Probamos pizzas calzone, pasta fresca rellena, lasagna, arancini, tiramisú, helados, tartas... De todo sin gluten. Lo único que nos pareció un poco complicado fue comer sobre la marcha, porque no encontramos más que un sitio que tuviera pizza para llevar (y mala malísima), y la verdad es que se echaba en falta poder coger un trocito de pizza recién hecho de vez en cuando.

Para echaros una mano preparé una guía de viaje sin gluten de Italia, una guía de gastronomía italiana sin gluten, y guías sin gluten de las cinco ciudades en las que estuvimos, con recomendaciones de restaurantes, mapas de establecimientos, tiendas.... Podéis verlas haciendo clic abajo:

 Guía de Florencia sin gluten Guía sin gluten de Pisa Guía de Roma sin gluten Guía de Siena sin gluten Guía de Venecia sin gluten



PRESUPUESTO 12D/11N: 670€

Transporte: 199€
Bus i/v Vitoria-Santander: 22€
Traslados i/v aeropuerto de Santander: 5€
Vuelo i/v Santander-Roma: 82€
Traslados i/v aeropuerto Ciampino: 8€
Tren Roma-Siena: 16,55€
Tren Siena-Pisa: 10,2€
Tren Pisa-Florencia: 8€
Tren Florencia-Venecia: 19€
Barco a Burano: 14€
Tren Venecia-Roma: 9€
Metro en Roma: 15€

Alojamiento: 194,4€
Una noche en dormitorio en el hostel The Yellow (Roma): 13,9€
Una noche en habitación doble en Casa di Antonella (Siena): 20€
Una noche en habitación doble en el hostal Mazzini (Pisa): 17,5€
Dos noches en apartamento de Airbnb (Florencia): 43€
Dos noches en habitación doble en San Geremia Rooms (Venecia): 55€
Cuatro noches en habitación de apartamento de Airbnb (Roma): 45€
*Están incluidos gastos de gestión, de limpieza (en el caso de apartamentos) e impuestos turísticos.

Comida: 190€
Restaurantes (8 veces): 120,5€
Compras en supermercados: 45€
Helados, pastelerías...: 25€

Otros: 84,75€
Entrada al Coliseo Romano, Foro y Palatino: 12€
Audioguía Coliseo: 2,75€
Subir a la cúpula de San Pedro (Vaticano): 5€
Entrada al Museo Uffizi (Florencia): 8€
Recorrido en vaporetto: 7€
Otros gastos: 50€

martes, 3 de febrero de 2015

Gastronomía italiana en Voglia di Pizza

Llegar hasta Voglia di Pizza fue todo una odisea. Y no es porque esté escondido, qué va. Fuimos nosotros. Miento, fui yo una vez más. Llevábamos andando con el paraguas desde las diez de la mañana y Chris tenía hambre casi desde esa misma hora a pesar de que íbamos ya desayunados (lo normal, vaya). Se nos habían hecho casi las cuatro de la tarde recorriendo el Coliseo, Foro Romano, Plaza del Campidoglio y la Boca de la Verdad, y solo queríamos meternos en un sitio cubierto y calentito a comer, pero la cosa no se planteaba fácil.


Sacamos el mapa (que con la lluvia estaba ya medio roto) e intentamos buscar la calle Via dei Giubbonari, en pleno centro y al lado de Campo dei Fiori. Mira que el lugar era céntrico, pues no hubo forma. Como nuestro mapa no era muy conciso (faltaban nombres de calles y plazas), y no todas las calles tenían su placa con el nombre a la vista, nos despistamos y acabamos totalmente perdidos... ¡en el mismo centro de Roma! Cómo era la cosa que pasé por delante del restaurante y ni lo vi... Tuvo que ser Chris quien se fijara porque yo andaba ya como un zombie por aquellas calles adoquinadas...



Y entramos felices, aunque con miedo de que la cocina ya hubiera cerrado (ya eran las cuatro y media...). Menos mal que a los italianos también les gusta comer tarde como a nosotros y todavía servían comidas. De hecho había gente ya dentro que aun no había empezado a cenar.


Pedimos dos cartas sin gluten, aunque al ver los precios Chris quiso pedir la carta normal para ver si solo los platos sin gluten eran caros o simplemente era el precio general del restaurante. Efectivamente, los platos sin gluten eran más caros, pero por muy poquito (quizá unos 0,5€), así que finalmente decidimos pedir todo sin gluten para poder compartirlo.


Pedimos dos platos de pasta, uno con rúcula y queso; y otro con atún, aceitunas, mozarella y tomatitos cherry. Cuando íbamos por la mitad nos los cambiamos para poder así probar los dos. Ambos platos estaban muy buenos (mejor el de los tomatitos cherry), pero no fue la mejor pasta que probamos en Italia.


De segundo pedimos una pizza calzone que estaba deliciosa. Esta sí que sí. Aunque tendría mis dudas porque la de Florencia era de otro mundo también, no sé cuál estaría mejor...



De postre pedimos un tiramisú, que era más bien sencillito, no nos pareció nada del otro mundo. En total pagamos entre los dos unos 35€, que incluían una botella de agua. El precio finalmente nos pareció bastante aceptable, aunque después de haber leído tantas maravillas de Voglia di Pizza, me dió la sensación de que estaba sobrevalorado (eso no quiere decir que no nos gustara, no!, sino que en Roma en particular encontramos que Mama Eat, mucho menos conocido, estaba mucho mejor, sobre todo en lo relativo a postres).


Ciao Roma! Coliseo, Foro y Boca de la Verdad


El día que llegamos a Roma ya era completamente de noche, así que no pudimos hacer más que llegar a nuestro apartamento en la zona de Basílica San Paolo y buscar un supermercado para comprar algo para la cena y el desayuno. Nos hicimos con unos paquetes de pasta, salsas ya preparadas, un poco de fruta, verdura para ensaladas, zumo, leche y galletas para el desayuno. No queríamos perder mucho tiempo cocinando porque ya era tarde y estábamos agotados. Además nuestro anfitrión en Roma había llegado más de media hora más tarde de lo acordado y lo único que nos apetecía es ir a dormir pronto para madrugar al día siguiente.


Y así hicimos. A la mañana nos levantamos más o menos temprano -no tanto como nos hubiera gustado, pero temprano al fin y al cabo- y planeamos lo que queríamos ver: por la mañana, el Coliseo, el Foro Romano y la Boca de la Verdad. Por la tarde, quizá la plaza Navona, la Fontana di Trevi, la plaza España... Aprovecharíamos para comer en Voglia di Pizza que estaba en el centro.

Cogimos el metro y en poco más de diez minutos llegamos al Coliseo. Allí vimos literalmente hordas de gente... Yo me imaginaba que en el Coliseo iba a haber gente siempre, pero quizá al ser temporada alta, un martes... quizá menos. No quiero pensar toda la gente que tenía que haber en verano! Pero bueno, allí enseguida se nos acercó una chica con una tarjetita en la que ponía "español" que nos explicó cómo funcionaba el acceso. Queríamos hacer una de las visitas guiadas oficiales, pero nos comentó que esas había que comprarlas en la página web y que volaban en cuanto estaban disponibles, así que tendríamos que optar por unas visitas guiadas más caras, o bien coger unas audioguías. 



Al final decidimos coger una audioguía para los dos para poder ir a nuestro aire (consejo: las audioguías tienen un volumen que solo las hace cómodas para que una persona escuche a la vez, pero tienen una entrada de auriculares para que una persona pueda ir con la audioguía pegada al oído y otra con los auriculares; así que si lleváis los auriculares, podréis evitar alquilar una audioguía extra ;). Estuvimos en la cola alrededor de media hora, aunque no se nos hizo pesado. Eso sí, hacía un tiempo de perros, constantemente lloviendo y bastante fresco.


Cuando entramos nos dieron un mapita para poder orientarnos dentro del Coliseo y poder encontrar las paradas de las explicaciones. Subimos a la segunda planta, nos colocamos la capucha y encendimos las audioguías mientras íbamos sacando alguna foto.

El Coliseo es el principal símbolo de Roma y una de las 7 maravillas del mundo. Tiene casi 2.000 años de antigüedad, así que pasear por él supone retroceder en el tiempo para acercarnos al Imperio Romano. Nada menos que seis millones de turistas lo visitan cada año. Comenzó a construirse en el año 72 bajo el mandato del emperador Tito, y finalizó tan solo ocho años más tarde, convirtiéndose así en el mayor anfiteatro romano del mundo


Durante el Imperio Romano y bajo el lema "Pan et Circus", el Coliseo permitía a más de 50.000 personas disfrutar de distintos espectáculos: muestras de animales exóticos, ejecuciones de prisioneros, recreaciones de batalla, y por supuesto, las conocidas peleas de gladiadores. Se inauguró de la mano del emperador Tito con nada menos que 100 días de juego que costaron la vida a más de 2.000 gladiadores.


En un principio su nombre original fue Anfiteatro Flavio, pero fue sustituido por el del Coliseo debido a la gran estatua de Nerón, que se encontraba a la entrada de la Domus Aurea, llamada "El Coloso de Nerón". Además, el aspecto actual dista mucho del inicial, que tenía un techo de lona para proteger a la gente del sol, quedando éste cubierto. Por otro lado, debajo de la arena estaban la maquinaria y las jaulas (actualmente no queda nada de la arena y se pueden ver los bajos del Coliseo ya que quedan descubiertos, aunque se ha intentado reconstruir una parte para que asemeje a la situación inicial).

También existe la leyenda de que el Coliseo se llenaba ocasionalmente de agua para representar batallas navales, aunque no ha podido ser confirmado.



Cada Viernes Santo el Papa preside el Vía Crucis desde el Coliseo, ya que éste siempre ha sido un lugar muy unido a la iglesia y en este día se recuerda a los primeros cristianos que murieron en la arena.


El Coliseo funcionó como tal durante más de cinco siglos, siendo los últimos juegos de la historia en el VI, momento en el que sufrió saqueos, terremotos, bombardeos... En estos momentos el Coliseo pasó de ser un recinto para la celebración de espectáculos a un almacén, iglesia, cementerio e incluso castillo para la nobleza.


El arco de Constantino está situado a pocos metros del Coliseo, desde donde además se tienen muy buenas vistas. Éste fue construido en el 315 en conmemoración de la victoria de Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio. En él se pueden ver estatuas traídas del Foro de Trajano y algunos relieves en los que aparece Marco Aurelio repartiendo pan entre los pobres. Es un lugar estratégico en la ciudad y está muy bien conservado.

Estuvimos paseando por el Coliseo durante unas dos o tres horas, con la audioguía pegada para no perdernos ninguna explicación, hasta que decidimos refugiarnos del frío unos minutos en la librería. Los precios allí eran desorbitados, así que si os apetece comprar algún regalo, quizá es mejor buscarlo en un lugar menos turístico.

Arco de Tito

Con la entrada al Coliseo se puede entrar también al Foro Romano y al Palatino, así que aunque el día no acompañaba mucho al paseo, no quisimos perdernos por nada del mundo el Foro Romano.

El Foro Romano era la zona en la que se desarrollaba la vida pública y religiosa en la antigua Roma, y actualmente constituye junto al Coliseo la mayor muestra de grandeza del Imperio Romano.


Al finalizar el Imperio, el Foro fue quedando en el olvido poco a poco, enterrado. No fue hasta el XX cuando se realizaron las excavaciones. Como curiosidad, la zona que ocupa el Foro era inicialmente un área pantanosa que fe drenada mediante la Cloaca Máxima en el VI, siendo ésta uno de los primeros sistemas de alcantarillado del mundo.


Dentro del Foro hay numerosos templos y arcos para descubrir. La Vía Sacra es la calle principal de la Antigua Roma y comunicaba la Plaza del Campidoglio con el Coliseo. El Arco de Tito es un arco del triunfo que conmemora la victoria de Roma sobre Jerusalén. Fue construido tras la muerte del emperador Tito.



En el Foro también se pueden encontrar el arco de Severo Séptimo, erigido en el 203 d.C. para conmemorar el tercer aniversario de Severo Séptimo como emperador; el templo de Antonino y Faustina, del s. II y que destaca por ser el mejor conservado del Foro; la Basílica de Majencio y Constantino, derruída en su mayor parte pero por su tamaño se puede deducir que fue uno de los edificios más importantes del Foto; la Curia, edificio en el que se reunía el Senado para tomar decisiones administrativas y sobre el Gobierno de Roma; y la Columna de Foca, erigida en el 608 y que hace honor al emperador Bizancio.




El Foro es un lugar agradable para pasear, pero cuando el tiempo acompaña. Sino los caminos empedrados pueden ser algo resbaladizos. Cuando estuvimos había además algunas zonas en obras, así que tampoco se podía acceder a la totalidad del Foro, y parece que las tareas de excavación para para largo. De todas formas, es un lugar que nadie se puede perder en Roma, y merece la pena especialmente subir a la colina y ver las vistas desde este lugar privilegiado.

Desde el Foro continuamos andando hacia la Plaza del Campidoglio, donde se encuentran los Museos Capitolinos y a la que se accede fácilmente desde la parte noroeste del Foro Romano. Es la primera plaza moderna que se diseñó en Roma. Fue tras la visita a Roma del emperador Carlos I en 1536 cuando el Papa Pablo III Farnese quedó avergonzado por el aspecto de la colina y encargó a Miguel Ángel el diseño de la nueva plaza, que estaría orientada hacia la Basílica de San Pedro y que constituiría el nuevo centro político de la ciudad. Miguel Ángel no vivió para ver la plaza finalizada, pero aun así la construcción se realizó siguiendo fielmente sus planos.


En la plaza original había una estatua ecuestre de Marco Aurelio realizada en bronce, que hoy en día se encuentra resguardada en el Palacio de los Conservadores ya que la que hay ahora en la plaza es solo una reproducción. 


En una de las estatuas de la clase leímos la inscripción SPQR, las siglas de la frase latina Senatus Populusque Romanus (Senado y el Pueblo Romano), que se refería al gobierno de la antigua República Romana dando a entender que el Estado Romano era un consenso entre el senado y el pueblo. Este acrónimo aparece en multitud de textos históricos, legales y políticos romanos; monedas, inscripciones a monumentos y además fue emblema de los estandartes de las legiones romanas, así como el nombre oficial de la República Romana y el Imperio Romano.

Teatro Marcelo (sacamos la foto en otro momento de la visita)

La última visita de la mañana antes de ir a comer sería la Boca de la Verdad. En el camino pasamos por delante del teatro Marcelo, edificado en la Antigua Roma y que recuerda un poco al Coliseo pero en mejor estado de conservación. Fue promovido por Julio César y acabado por Augusto entre los años 13-11 a.C. Fue el primer teatro permanente y de piedra, ya que hasta entonces todos habían sido provisionales y de madera.

La Boca de la Verdad queda a escasos 500m del Teatro Marcelo, así que llegamos enseguida, aunque lo que no nos esperábamos es que hubiera tal cola a esas horas del mediodía. Pero sí, un grupo de surcoreanos habían llegado un ratito antes así que no nos quedó otra que esperar. Suerte que la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, donde está la Boca de la Verdad, tiene una parte cubierta para poder esperar.


La Bocca della Veritá es una enorme máscara de mármol de fama mundial, de la que se dice que mordía la mano de aquel que mentía. Tiene nada menos que 1,75m de diámetro y está dedicada al Dios del Mar, representado por un rostro masculino con barba, los ojos, la nariz y la boca perforados.

La leyenda cuenta que un marido que desconfiaba de su esposa la llevó ante la Boca de la Verdad para comprobar su fidelidad. La mujer reaccionó fingiendo un desmayo y su amante la recogió en sus brazos. Después de esto, la mujer juró ante la Boca de la Verdad que sólo había estado entre los brazos de su marido y del hombre que acababa de recogerla.
Esta es tan sólo una de las muchas leyendas que existen sobre la famosa escultura que, con el paso de los años, continúa generando una enorme expectación.
Chris y yo sacamos la mano entera, así que eso debe de significar que hemos sido buenos :). Dejamos la Boca de la Verdad a paso apresurado para ir a comer porque ya eran casi las cuatro de la tarde! Y aún teníamos que llegar al restaurante...

lunes, 2 de febrero de 2015

Ir con tiempo y no llegar


Después de visitar Burano hicimos una última visita a la plaza de San Marcos antes de coger el tren hacia Roma. De allí fuimos directamente al supermercado a comprar algunas cositas para comer en el viaje, y al hotel a coger las mochilas. Llegamos a la estación con 10 minutos de antelación, tranquilos. Y fuimos a mirar primeramente en qué andén estaría nuestro tren para ir acercándonos.

Entonces nos dimos cuenta de que nuestro tren no aparecía en las pantallas. En ninguna pantalla. Miré los billetes de nuevo y no ví nada raro: la fecha estaba bien, la hora también... Y de repente caí: los billetes eran para la estación de Venecia sí, pero para la de Mestre en vez de Santa Lucía

Venecia tiene dos estaciones, una en la isla (Santa Lucía) y otra en la parte continental (Mestre). Así que todos los trenes salen en primer lugar de Santa Lucía y después ya van a Mestre y continúan el viaje. Yo lo sabía desde el momento en el que compré los billetes, pero parece ser que no me fijé a la hora de comprarlos :(. Nuestro tren estaba apunto de salir de la siguiente estación y estuvimos pensando en colarnos un tren para llegar hasta ella, pero no había forma: ya no nos daba tiempo

Asumiendo que habíamos perdido nuestro baratísimo tren, fuimos a preguntar los precios a la estación, primero de los autobuses a Roma (80€ por persona) y después de los trenes (otros 80€ por persona). Por el mismo precio decidimos por supuesto coger el tren, así que muy resignados compramos de nuevo los billetes en la máquina. Por suerte el próximo tren saldría en solo diez minutos, así que no tendríamos que esperar mucho y ni siquiera teníamos que avisar a nuestro anfitrión de Roma de que llegaríamos tarde.

Y volvió a pasar... Volvimos a mirar las pantallas para buscar el andén correspondiente y me di cuenta de que había vuelto a comprar los billetes para Mestre. Y de nuevo, tampoco nos daba tiempo a llegar para coger el tren. Por un momento quise cagarme en todo gritar pero respiré hondo y me acerqué a las oficinas de Trenitalia, en las que por supuesto había cola. Pero ya sabemos que en momentos de estrés somos capaces de todo así que opté por colarme con todo el morro y después de poner todas las caras de pena de mi repertorio, la trabajadora de Trenitalia nos cambió rápidamente los billetes para el siguiente tren, que saldría en una hora esta vez sí, de Venecia Santa Lucía.


La experiencia nos sirvió para aprender que hay que leer con detenimiento todos los billetes, y que merece la pena llegar con más antelación a los sitios; pero también aprendimos que cualquiera puede cometer un error y que, como decimos nosotros "tan grave no será si se puede pagar".

Los colores de Burano


Cuando le dijimos a nuestro amigo Javi que íbamos a Venecia, nos dijo que no teníamos que perdernos Burano, una pequeña isla de la Laguna Veneciana que merecía mucho la pena. Y como las recomendaciones que vienen de un amigo suelen ser mil veces mejores que las que aparecen en las guías de viaje, no dudamos en hacer caso de su consejo (cabe decir que Burano también aparecía en cualquier guía de viaje :). 



El último día en Venecia nos levantamos para ir hasta Fondamenta Nuove y allí coger un vaporetto a Burano, pero la cosa se complicó nada más salir. Una vez más, allí estaba el acqua alta haciendo de las suyas. A Chris se le habían todo sus cubrebotas de plástico y las botas que llevaba no eran impermeables, y a mi se me había ocurrido ponerme zapatillas de tela porque había salido el sol. No nos dimos por vencimos y fuimos buscando calles y callecitas que no estuvieran inundadas, como si la isla fuera un laberinto, con la esperanza de que hubiera una calle más elevada o un puente que nos mantuviera alejados del nivel del agua.


Y así lo intentamos varias veces, hasta que nos dimos cuenta que estábamos completamente rodeados por el agua... Si queríamos llegar al vaporetto tendríamos que andar por el agua. Así que vista la situación, volví al hotel a por mis katiuskas y Chris decidió comprarse unas allí mismo. Volvimos a salir y esta vez sí, nos sentimos unos venecianos más recorriendo calles secas e inundadas por igual hasta llegar a Fondamenta Nuove. 

 

Allí cogimos un vaporetto (14€ ida y vuelta)  que en poco más de cuarenta y cinco minutos nos dejó en el pequeño puerto de Burano. Otra opción es coger excursiones organizadas, pero es una visita demasiado sencilla como para que alguien nos la tenga que organizar. Nada más dejar el barco comprobamos que la isla era muy pequeñita, y que en poco tiempo podríamos visitarla. Y así fue, en poco más de una hora ya habíamos recorrido cada calle de la isla, que nos dejó enamorados.


Burano es conocida por las labores de encaje y por sus casas de mil colores. La isla tiene apenas 4.000 habitantes. Se dice que los marineros pintaban las casas de colores para poder llegar hasta ellas los días de niebla. Actualmente las autoridades obligan a los vecinos a pintar las fachadas, así que siguen manteniendo el colorido.



Estuvimos algo más de dos horas caminando por sus canales. En un principio andábamos junto a otros turistas que iban también en el vaporetto, pero poco a poco cada uno fue eligiendo un camino distinto y enseguida nos vimos solos. Nos paramos a ver las distintas casitas, cada una pintada con un color vistoso y llamativo. Algunas estaban algo peor pintadas, pero en general los vecinos se esmeran en que todas luzcan bien bonitas.


La isla tenía poco más a parte de las casitas: una iglesia sin mayor interés, una plaza que encontramos semi inundada (a Burano también llega el acqua alta) y muy poquitos servicios que se resumían en algún restaurante, tiendas de recuerdos y especialmente de encajes y un cajero automático. Además claro, un montón de barcas y txalupas.


Como es una isla muy pequeñita, con un par de horas basta para visitarla, así que otra opción es visitar en ese mismo día la isla de Torcello, bastante más grande y con un paisaje muy decadente y rural; o bien a la isla de Murano, conocida por sus trabajos con el cristal.



Blogging tips